Así usan la inteligencia artificial comunidades indígenas de la Sierra Nevada para anticipar el clima y proteger sus cultivos 

Comunidades indígenas de la Sierra Nevada combinan inteligencia artificial y saberes ancestrales para cuidar semillas, anticipar lluvias y fortalecer cultivos. 

Compártelo en:

La inteligencia artificial dejó de ser una tecnología reservada para laboratorios o gigantes tecnológicos. Hoy aparece en oficinas, bancos, celulares, universidades y hasta en tareas cotidianas como escribir textos, organizar información o responder preguntas.  

Pero mientras el mundo discute cómo la IA está transformando el trabajo y la vida diaria, en Colombia empieza a surgir un escenario que para muchos parecía impensado: comunidades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta utilizando herramientas de inteligencia artificial para interpretar cambios climáticos, fortalecer cultivos y proteger conocimientos ancestrales. 

Puede interesarle leer: “Están detrás de los lotes”: la defensa del Refous por denuncias sobre su reorganización por deudas de $30.000 millones 

La inteligencia artificial llegó a la Sierra Nevada, pero no para reemplazar la voz de los mamos, autoridades espirituales y sabedores ancestrales de pueblos indígenas, ni para decirles a las comunidades cuándo sembrar o cómo interpretar la tierra. En cambio, empezó a funcionar como una especie de puente entre tecnología y memoria ancestral. 

En territorios indígenas como Jwinaruwun y Durankwa, comunidades arhuacas trabajan junto con investigadores y docentes de la Universidad del Magdalena en una iniciativa que busca algo poco común en América Latina: usar herramientas de inteligencia artificial, analítica de datos y sistemas digitales para fortalecer prácticas agrícolas tradicionales, leer señales climáticas y proteger cultivos sin romper el vínculo espiritual con el territorio. 

La apuesta se desarrolla a través del proyecto AgroHub del Magdalena y de ALUNA I.A., una iniciativa universitaria enfocada en desarrollar tecnologías con identidad territorial y enfoque social. Allí, los datos no buscan imponerse sobre el conocimiento ancestral, sino dialogar con él. 

“La inteligencia artificial no debe verse como una autoridad superior, sino como una herramienta que puede dialogar con la inteligencia territorial, agrícola y espiritual de las comunidades”, explicó Ricardo Javier Pupo Díaz, ingeniero electrónico, docente de la Universidad del Magdalena y miembro del equipo ALUNA I.A. 

IA para entender los saberes de las comunidades indígenas, no para reemplazarlas.

Cuando se habla de inteligencia artificial en la Sierra Nevada, el concepto está lejos de los robots o de los sistemas automatizados que suelen dominar la conversación global sobre tecnología.

Así usan la inteligencia artificial comunidades indígenas de la Sierra Nevada para anticipar el clima y proteger sus cultivos 

En la práctica, el proyecto utiliza aplicaciones móviles de caracterización territorial, sistemas de recolección de datos en campo, tableros digitales, mapas y asistentes conversacionales que ayudan a organizar información agrícola, climática y ambiental de las comunidades. 

Uno de los desarrollos más importantes es una aplicación móvil con enfoque “offline-first”, diseñada para funcionar incluso en zonas donde la conectividad es limitada. Esto permite registrar información sobre cultivos, tipos de suelo, disponibilidad de agua, prácticas agrícolas, afectaciones por plagas y necesidades de las familias productoras.

Con esos datos, el sistema puede identificar patrones y generar diagnósticos que ayudan a tomar decisiones sobre manejo agrícola, riesgos climáticos o problemáticas fitosanitarias.

Pero hay un límite claro: la tecnología no decide. “La decisión final no la toma la inteligencia artificial. La tecnología ayuda a ordenar información, identificar patrones y facilitar conversaciones más informadas entre agricultores, líderes comunitarios, técnicos y sabedores del territorio”, señaló Pupo Díaz.

Cuando la IA confirma lo que los mamos de las comunidades indígenas ya sabían 

Uno de los hallazgos más llamativos del proyecto ha sido encontrar coincidencias entre las recomendaciones generadas desde el análisis de datos y las interpretaciones tradicionales que durante décadas han hecho agricultores indígenas y sabedores ancestrales.

Mientras las herramientas tecnológicas detectan condiciones de humedad, temperatura, pendientes o ciclos de cultivo favorables para determinadas prácticas agrícolas, los líderes comunitarios llegan a conclusiones similares observando señales del territorio: el comportamiento de los animales, los cambios en los vientos, la humedad del suelo o las variaciones en las lluvias. 

“Lo sorprendente no es que la tecnología descubra lo que la comunidad no sabía, sino que muchas veces confirma, organiza o hace visible un conocimiento que ya estaba presente”, afirmó el investigador. 

Esa relación entre tecnología y conocimiento ancestral es precisamente el núcleo del proyecto. Dentro de ALUNA I.A. también se han empezado a documentar prácticas relacionadas con ciclos lunares, conservación de semillas nativas, descanso del suelo y lectura de señales naturales para anticipar cambios climáticos.

Sin embargo, el proceso tiene restricciones culturales y éticas importantes: “No todo conocimiento ancestral debe ser documentado ni convertido en dato. Algunos saberes son sensibles, espirituales o de circulación restringida”, advirtió el experto. 

Aunque el proyecto todavía no reporta cifras consolidadas sobre aumento de productividad o reducción de pérdidas agrícolas, sí ha empezado a construir sistemas de información que permiten anticipar riesgos y fortalecer la toma de decisiones en campo. 

Así usan la inteligencia artificial comunidades indígenas de la Sierra Nevada para anticipar el clima y proteger sus cultivos 

Uno de los ejemplos más representativos ocurre cuando distintas familias reportan afectaciones similares en determinados cultivos durante ciertas temporadas del año. 

También puede leer: La edad empieza a dejar de ser un obstáculo para conseguir empleo en Colombia: trabajadores mayores ganan terreno

La plataforma digital agrupa esos registros y los relaciona con condiciones de humedad, lluvias o manejo agrícola. Luego, esa información se contrasta con las observaciones de agricultores y sabedores locales, quienes identifican señales previas que históricamente han asociado con riesgos para la siembra. 

“El resultado no es una recomendación impuesta por una aplicación, sino una decisión combinada”, explicó el docente. 

En algunos casos, eso puede traducirse en ajustes en los tiempos de siembra, fortalecimiento de prácticas preventivas o medidas para evitar que una plaga se expanda. 

El ingreso de conceptos como inteligencia artificial o análisis de datos no fue automático ni sencillo en las comunidades. Según el equipo del proyecto, las primeras reacciones combinaron curiosidad, distancia y cautela, especialmente porque muchas comunidades han vivido históricamente procesos externos donde la información se extrae sin beneficios claros para el territorio. 

“La confianza no se construye con discursos sobre innovación, sino con presencia, escucha, respeto y resultados útiles”, afirmó el docente. 

Por eso, una parte clave del trabajo ha sido traducir la tecnología a necesidades concretas: cómo registrar información de cultivos, fortalecer la producción, proteger semillas o mejorar diagnósticos agrícolas. 

Ese proceso también ha involucrado a estudiantes, docentes y jóvenes rurales, quienes empezaron a participar en actividades relacionadas con agricultura sostenible, tratamiento de semillas y manejo natural de plagas. 

“La Universidad no vino a reemplazar nuestros saberes” 

Para Hugo Zabaleta, indígena arhuaco y enlace territorial del proyecto en las comunidades de Jwinaruwun y Durankwa, el principal valor del proceso ha sido precisamente el reconocimiento del conocimiento tradicional. 

“Nosotros siempre hemos trabajado la tierra desde nuestros conocimientos tradicionales, siguiendo las fases de la luna y realizando prácticas propias para cuidar las semillas y controlar las plagas”, aseguró. 

Y agregó: “Lo bonito de este proceso es que la Universidad no viene a reemplazar nuestros saberes, sino a trabajar junto a nosotros. Ahora también estamos aprendiendo nuevas técnicas que fortalecen nuestros cultivos y nos ayudan a producir mejor”. 

Ese equilibrio entre ciencia y tradición aparece como uno de los mayores diferenciales de la iniciativa, especialmente en un momento donde el cambio climático está alterando ciclos agrícolas y aumentando la presión sobre pequeños productores rurales. 

Así usan la inteligencia artificial comunidades indígenas de la Sierra Nevada

Más allá de la tecnología, el proyecto se ha convertido en una especie de laboratorio territorial sobre cómo combinar innovación digital y conocimientos ancestrales para enfrentar desafíos globales como seguridad alimentaria, biodiversidad y adaptación climática. 

Desde la visión de las comunidades indígenas, la agricultura no se limita a producir alimentos. Está conectada con el equilibrio entre agua, bosque, semillas, clima y espiritualidad. 

Esa perspectiva cobra relevancia en medio de fenómenos extremos que están afectando cultivos en distintas regiones del país. 

“La Sierra Nevada conserva conocimientos profundamente relevantes para debates globales sobre cambio climático, seguridad alimentaria y sostenibilidad”, sostuvo Pupo Díaz. 

Lea también: Nueva medida busca acelerar la llegada de medicamentos a los pacientes en Colombia

Por ahora, el reto será consolidar líneas base productivas, fortalecer la apropiación tecnológica y avanzar en mediciones más rigurosas sobre impactos en rendimiento, pérdidas agrícolas o manejo de plagas. 

Pero mientras eso ocurre, en las montañas de la Sierra Nevada ya empieza a tomar forma una escena poco habitual: comunidades indígenas usando inteligencia artificial no para abandonar su tradición, sino para defenderla.