El gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, reconoció que la historia reciente ha dificultado mantener una credibilidad fuerte en la meta de inflación del 3 % anual en Colombia.
Tras cumplir seis años consecutivos sin lograr dicha meta, y proyectar que serán mínimo siete años, el funcionario dijo que una serie de factores impidieron que el emisor pudiera bajar las tasas de interés, distanciando la política monetaria colombiana de lo ocurrido en el resto de América Latina y el mundo.
Según explicó Villar, mientras en países pares de la región como Perú y Chile, o en economías avanzadas como Estados Unidos, la inflación cedió y permitió a sus bancos centrales reducir las tasas de interés, en Colombia el panorama tomó el rumbo contrario.
Finalmente, el funcionario identificó factores de origen interno como los principales causantes de esa brecha frente al contexto internacional, principalmente un déficit fiscal inusitado, el incremento del salario mínimo y un déficit comercial histórico.
Respecto a este último, destacó que el exceso de demanda impulsó las importaciones (con un crecimiento superior al 15 % en los primeros meses del año), proyectando un déficit en la balanza comercial de bienes cercano a los US$18.000 millones, el más alto en la historia del país.
Inflación en Colombia imposibilitó el recorte de tasas
Tras haber alcanzado un mínimo de 4,8 % a mediados de 2025, la inflación colombiana volvió a incrementarse hasta el 6,24 % en agosto; al mismo tiempo, la inflación básica superó el 6,1 % y las expectativas inflacionarias para fin de año escalaron hacia el 7 %.
El gerente señaló que esta desviación imposibilitó el recorte de tasas y obligó al banco central a reaccionar con un endurecimiento acumulado de 300 puntos básicos en la tasa de intervención, a contramano de la tendencia global de flexibilización.
Frente al impacto de estas decisiones en los hogares y sectores productivos, Villar calificó el alza de tasas como una reacción indeseable pero inevitable. El gerente insistió en que “hubiéramos vivido mucho mejor si no hubiéramos tenido la necesidad” de elevar los tipos de interés y admitió que resulta “triste tener que haber adoptado esa política monetaria restrictiva”.
No obstante, concluyó que la solución no radica en bajar las tasas de manera prematura, sino en avanzar decididamente en un proceso de ajuste fiscal que permita devolver la credibilidad a la meta de inflación y estabilizar la economía de forma sostenible.
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