En 2025, la riqueza de los multimillonarios aumentó tres veces más rápido que la tasa anual promedio de los últimos cinco años. Para dimensionar este hecho, tan solo hay que ver los datos. Por primera vez en la historia, el número de superricos superó los 3.000.
Así lo revela un informe reciente del Comité de Oxford de Ayuda contra el Hambre (Oxfam), que analiza, entre otras cosas, la concentración de la riqueza a escala global. El reporte toma como base la lista anual de multimillonarios publicada por Forbes y los datos más recientes disponibles, con corte al año anterior.
Sin embargo, más allá del récord en el número de personas que hace parte de este ‘exclusivo’ grupo poblacional, el reporte pone el foco en un aspecto clave: la evolución que han tenido estas fortunas en los últimos años y cómo esta contrasta con la brecha de desigualdad.
La magnitud de la concentración
El año pasado, de acuerdo con cifras de ‘Forbes’, el escalafón de los más ricos del mundo se amplió 247 posiciones. Esto se traduce en que 3.028 personas figuraron en la edición más reciente de la lista.
La fortuna conjunta de los magnates que integran esa clasificación totaliza US$16,1 billones, lo que no solo son US$2 billones más que en 2024, sino que es “más que el PIB de todos los países del mundo, excepto Estados Unidos y China”.
Si se amplía esa radiografía, los datos muestran que entre 2015 y 2025 el patrimonio total de los superricos se incrementó en alrededor de US$6 billones. En ese contexto, los 10 multimillonarios más ricos concentran hoy más de US$2,4 billones entre todos, mientras que los 12 primeros de la lista acumulan más riqueza que la mitad más pobre de la humanidad, es decir, más de 4.000 millones de personas.
Oxfam también calcula que la cantidad de riqueza obtenida por los multimillonarios del mundo durante el último año es suficiente para dar a cada persona del planeta US$250 y aun así dejar a los multimillonarios con más de US$500.000 millones adicionales.

¿Cómo se distribuye la riqueza?
El reporte señala que la pandemia del Covid-19 llevó a que la desigualdad mundial aumentara con un mayor margen desde 1990, tendencia impulsada en gran parte por la creciente brecha entre los países de ingresos altos y bajos.
“Si bien la brecha comenzó a disminuir una vez más, sigue siendo extremadamente alta, y las tensiones comerciales ahora amenazan con profundizar aún más esta división. Muchos países, tanto de ingresos altos como bajos, están presenciando una brecha persistente o creciente entre los más ricos y el resto”, menciona el análisis.
Para hacerse una idea, Oxfam estima que, en promedio, una persona del 1 % más rico posee 8.251 veces más riqueza que alguien del 50 % más pobre. Visto de otra forma, la mitad más pobre de la humanidad concentra apenas el 0,52 % de la riqueza mundial, mientras que el 1 % más rico posee el 43,8 %.
De hecho, datos del Banco Mundial evidencian que, en 2022, casi la mitad de la población mundial (48 %), equivalente a 3.830 millones de personas, vivía en la pobreza. Esto supone 258 millones de personas más que en las estimaciones anteriores.
Considerando como base esa data, Oxfam prevé que, si se mantienen las trayectorias actuales, 2.900 millones de personas, o un tercio de la población mundial, seguirán viviendo en la pobreza en 2050.
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Pero, ¿por qué la brecha se sigue ampliando?
Según el reporte, la concentración de la riqueza se ha visto reforzada en parte por el poder de mercado de grandes corporaciones, particularmente en sectores como la tecnología, la energía y las finanzas.
En muchos casos, los multimillonarios controlan o poseen participaciones significativas en empresas con una influencia considerable sobre los precios, la competencia y las condiciones laborales. Ese nivel de control ha contribuido a la transferencia de una mayor proporción de los beneficios económicos hacia los propietarios del capital.
El aumento de ese patrimonio en el 1 % también ha coincidido con una reducción generalizada de las tasas impositivas que gravan los altos ingresos y el capital en numerosos países. En ese sentido, el informe señala que esta tendencia ha limitado la capacidad de los Estados para financiar servicios públicos esenciales y reducir las desigualdades económicas.
“Una pequeña redistribución de la riqueza sería suficiente para prevenir esta injusticia; solo el 65 % de la riqueza de los multimillonarios obtenida durante el último año acabaría con la pobreza mundial (1,83 dólares estadounidenses al día). Su riqueza también podría eliminar la pobreza extrema (1,3 dólares estadounidenses al día) 26 veces”, resalta el documento del Oxfam.
De igual forma, la entidad menciona que, sin cambios estructurales en materia fiscal, laboral y de regulación de mercados, estas tendencias podrían intensificarse en los próximos años.
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