El Palacio del Colesterol se va de El Campín tras 64 años: ¿dónde quedará ahora?

El Palacio del Colesterol es uno de los puntos gastronómicos más reconocidos del entorno deportivo en Bogotá.

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El Palacio del Colesterol dejó de operar en su ubicación histórica junto al estadio Nemesio Camacho El Campín para permitir el inicio de las obras del nuevo complejo deportivo y cultural, un proyecto que tendrá una inversión superior a $2,4 billones y una ejecución estimada entre cuatro y cinco años.

El cierre se produjo como parte del cronograma técnico exigido por la concesión del estadio. El espacio que ocupaban los tradicionales puestos de comida será intervenido para la construcción de nuevas estructuras del proyecto, que incluye un estadio remodelado, áreas comerciales, oficinas, hotel, zonas públicas y equipamientos culturales.

Durante 64 años, el Palacio del Colesterol funcionó como un punto de consumo masivo asociado al fútbol en Bogotá. Su operación se concentraba en partidos de Millonarios y Santa Fe, conciertos y eventos de alta afluencia. En jornadas de clásico capitalino, el flujo de público superaba con facilidad las 30.000 personas, lo que convertía a la zona en un foco de ventas intensivas en pocas horas.

Según comerciantes del sector y estimaciones económicas, en días de partido, cada puesto podía facturar entre $3 millones y $6 millones, dependiendo del aforo, el horario y el tipo de evento. En fines de semana con doble jornada o conciertos, los ingresos totales del conjunto de vendedores podían superar los $80 millones diarios, una cifra relevante para una operación basada en gastronomía popular.

¿Por qué cierran el Palacio del Colesterol y qué pasará durante las obras?

La transformación de El Campín está a cargo de Sencia, concesionaria del estadio, bajo un contrato de Asociación Público-Privada con un horizonte cercano a los 29 años. Desde octubre de 2024, cuando la firma asumió la concesión, se inició un proceso de concertación con los comerciantes del Palacio del Colesterol para definir su salida y eventual reincorporación al nuevo complejo.

El Palacio del Colesterol se va de El Campín tras 64 años
Área de comidas del nuevo estadio de Bogotá. Imagen: Sencia

El contrato exige que toda la operación futura cumpla estándares de formalidad tributaria, sanitaria y operativa. Por esta razón, los vendedores debieron iniciar trámites ante la DIAN, la Secretaría de Salud y otras entidades, además de capacitaciones en facturación electrónica, manipulación de alimentos y fortalecimiento empresarial.

Durante la fase de construcción, que se estima durará cerca de tres años, los comerciantes que completen el proceso de formalización podrán operar en unidades móviles tipo ‘food truck’, ubicadas en el costado nororiental del estadio actual. Esta medida busca mantener la actividad económica y la relación con los hinchas, aunque bajo un formato distinto al tradicional.

El cambio ha generado tensiones. Adecuar una unidad móvil, cumplir requisitos sanitarios y asumir costos operativos más altos implica inversiones que no todos los vendedores pueden afrontar. Según voceros del sector, el costo de entrada a este esquema puede superar los $50 millones por puesto, entre vehículo, adecuaciones y permisos.

En total, son 15 familias las que dependían directamente del Palacio del Colesterol en su ubicación original. Algunas continuarán en el esquema transitorio y otras saldrán definitivamente del negocio.

La apuesta económica es convertir el sector de la calle 57 en un distrito de entretenimiento activo los siete días de la semana, y no solo en jornadas de partido. Esto explica la integración de una zona gastronómica formal, donde el Palacio del Colesterol reaparecerá en una versión regulada y permanente una vez finalicen las obras.

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Nuevo complejo deportivo El Campín. Imagen: Alcaldía de Bogotá – Sencia

Aunque su nombre nació como una broma popular, el Palacio del Colesterol terminó convirtiéndose en una marca urbana reconocida, al punto de ser mencionado en transmisiones deportivas, crónicas culturales y estudios sobre consumo informal en entornos deportivos.

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El cierre de su ubicación histórica marca el final de una etapa, pero también el inicio de un nuevo modelo de ciudad. El Campín dejará de ser solo un estadio y el Palacio del Colesterol dejará de ser solo fritanga de día de partido. Ambos entran, por obligación y por diseño, en una nueva lógica económica y urbana para Bogotá.