El comercio justo, promovido por la organización Fairtrade, es un modelo económico que busca corregir las desigualdades del mercado tradicional. Su objetivo es cambiar las reglas del comercio para convertirlo en una herramienta que impulse el desarrollo, el bienestar y la sostenibilidad.
Como parte de ese propósito, el modelo apunta a garantizar que los productores reciban un pago justo, trabajen en condiciones seguras y puedan reinvertir en sus comunidades. En ese contexto, Fairtrade establece precios mínimos de referencia para que los agricultores puedan cubrir sus costos de producción y mantener la sostenibilidad de su actividad.
En el marco del cuarto Congreso Bananero Colombiano, realizado por Asbama, Marike Runneboom de Peña, CEO de Fairtrade International, explicó cómo este tipo de prácticas puede impactar al sector bananero en medio de un escenario de mayores presiones sobre los costos.
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¿Qué puede presionar los costos?
La producción agrícola está expuesta a factores sociales y ambientales que terminan impactando los costos y, en consecuencia, los precios de los productos.
En el caso del banano, según explicó la experta, el aumento en los costos ha estado ligado tanto a los incrementos salariales en la región como al alza en los gastos de producción, especialmente en irrigación, fertilizantes y logística marítima.
“La mitad del costo de una caja de banano es salario, porque el sector depende intensivamente de mano de obra. Además, han aumentado los costos de irrigación, fertilizantes y transporte marítimo”, destacó.
Runneboom también señaló que ese aumento todavía no se ha trasladado al consumidor final. “Eso significa que los productores están asumiendo el incremento y, en la práctica, no pueden invertir en las fincas lo que deberían”, indicó.

La previsión de riesgos
El mercado del banano depende en gran medida de unos pocos países productores, como Ecuador y Colombia. Por eso, cualquier problema climático, sanitario o de costos en esas regiones termina impactando el suministro mundial.
A esto se suma que muchos productores siguen vendiendo por debajo de sus costos de producción, por lo que no cuentan con el margen suficiente para adaptarse a ese tipo de problemáticas.
“Si estos choques entran en un sector no preparado, va a afectar el suministro y posiblemente impactar en el precio”, explicó la experta.
Ahí es donde entran herramientas como el precio mínimo, que busca servir como referencia para cubrir los costos de producción y actuar como una red de seguridad para los agricultores.
¿Para qué sirve el precio mínimo?
Según explicó Runneboom, este mecanismo busca garantizar que los agricultores puedan sostener su operación, mantener inversiones en las fincas y responder a retos como el cambio climático, las enfermedades de los cultivos o el aumento en los costos logísticos y laborales. También actúa como un amortiguador ante la volatilidad de los mercados.
Los precios de Fairtrade se revisan anualmente con productores y gremios para reflejar la realidad de cada país. Y aunque actualmente funcionan principalmente como referencia dentro del comercio justo, aseguró que cada vez más actores de la industria los utilizan como guía para entender el comportamiento de los costos en el sector.
Las cooperativas con certificación Fairtrade también pueden acceder a una prima adicional cuando comercializan sus productos bajo los principios del comercio justo. Estos recursos suelen destinarse a prioridades de las comunidades, como infraestructura, salud y educación.




