¿Qué pasa con las inversiones en IA cuando aumentan las alertas sobre sus riesgos?

IA: la carrera que mueve inversiones y ahora enfrenta nuevas dudas entre los mercados

La tecnología concentra cada vez más capital y uso empresarial, al tiempo que crece el debate sobre sus riesgos y los recursos que demanda.

Compártelo en:

A mediados de septiembre, Jacob Coxon, un investigador de inteligencia artificial (IA), abandonó la empresa Anthropic. Su renuncia se viralizó rápidamente en redes sociales, no por su salida de la compañía en sí misma, sino por el mensaje que la acompañaba: la velocidad a la que avanza la IA podría representar un riesgo para la humanidad.

Las declaraciones de Coxon no solo hicieron eco de las advertencias que han venido planteando expertos sobre esta tecnología, sino que volvieron a poner en el centro de la conversación las preocupaciones que genera el ritmo al que avanza su desarrollo y los riesgos que podría implicar si no se establecen límites.

Pero más allá de las paredes de Silicon Valley, la discusión ha escalado hasta tener repercusión en los mercados, lo que pone sobre la mesa un nuevo cuestionamiento: ¿qué tan ligada está la carrera por la IA con el comportamiento de la economía?

El mapa que pinta la IA

Recibe nuestro boletín en tu correo

Listo, ya estás dentro
Recibirás el próximo boletín en tu correo.

Para entender mejor el peso que ha adquirido esta tecnología, vale la pena mirar cómo se ha expandido su presencia en la economía.

El más reciente informe del Índice de IA de la Universidad de Stanford señala que la influencia de la inteligencia artificial en la sociedad nunca había sido tan marcada, encaminándose a convertirse en una de las tecnologías más transformadoras del siglo XXI.

Los datos ayudan a dimensionar ese crecimiento. De acuerdo con el reporte, en 2024 la inversión corporativa global en IA alcanzó los US$252.300 millones. Para 2025, esa cifra escaló a US$581.700 millones, un incremento de 130 %, al incluir fusiones y adquisiciones, participaciones minoritarias, inversión privada y ofertas públicas.

Del total de 2025, 60 % correspondió a inversión privada, equivalente a US$344.660 millones. Una cifra impulsada en buena medida por la IA generativa, que atrajo casi la mitad de todo el financiamiento privado global destinado a esta tecnología, con US$170.870 millones durante el año.

Las grandes apuestas empresariales por esta herramienta también se reflejan en las rondas de financiación que alcanzaron dos de las compañías que lideran su desarrollo. En 2025, OpenAI captó US$40.000 millones de capital, llevando su valoración a US$300.000 millones. Anthropic, por su parte, recaudó US$13.000 millones en su ronda de financiación Serie F, con lo que alcanzó una valoración cercana a los US$183.000 millones.

A la par, los gigantes tecnológicos han acelerado su gasto de capital en centros de datos e infraestructura. Por ejemplo, Google reportó más de US$150.000 millones en Capex anual el año pasado. 

Así las cosas, el tamaño que ha alcanzado este mercado ayuda a entender por qué la discusión sobre el futuro de la IA no se limita a la tecnología. Los capitales que se están moviendo alrededor de ella y las expectativas que ha generado entre los inversionistas hacen que cualquier cambio en la percepción sobre su desarrollo pueda tener un efecto más amplio en la economía y los mercados.

Destacado: nuam suma alianza tecnológica para acelerar la integración de los mercados de Colombia, Chile y Perú

Inteligencia artificial
Inteligencia artificial. Foto: Canva

El centro de la discusión

Volviendo al episodio de Coxon, sus advertencias reavivaron el debate en torno a los riesgos que puede traer consigo esta tecnología. A esa discusión se sumó el propio CEO de Anthropic, Dario Amodei, quien hizo un llamado a “ralentizar” el ritmo en su desarrollo para garantizar su seguridad.

El directivo propuso un plan de tres pasos para avanzar con “prudencia” y generar más confianza sobre su uso. Esa hoja de ruta incluye la integración de evaluadores externos para verificar el cumplimiento de las prácticas y compromisos de seguridad; una coordinación entre las compañías para establecer esos estándares y el apoyo gubernamental para sortear reparos antimonopolio.

La propuesta fue respaldada por otros líderes de la industria tecnológica que se sumaron a la conversación, apuntando a que era necesario bajar la velocidad para mitigar riesgos globales de ciberseguridad y pérdida de control.

Esta postura coincidió con la decisión de OpenAI de posponer su debut en Wall Street, tras considerar que no es el momento oportuno. Su director ejecutivo, Sam Altman, señaló que la matriz tecnológica aún tiene mucho por trabajar en materia de seguridad y alineación de sus modelos de IA.

Y es que las alarmas se enciendan tiene una razón de ser. Los incidentes documentados de inteligencia artificial aumentaron a 362 en 2025, frente a los 233 registrados en 2024. A esto se suma que investigaciones recientes han encontrado que mejorar una dimensión de la IA responsable, como la seguridad, puede afectar otra, como la precisión.

El panorama cobra otra dimensión si se tiene en cuenta la velocidad a la que se está acelerando la adopción de esta herramienta. Para hacerse una idea, la IA generativa alcanzó una adopción poblacional del 53 % en apenas tres años, superando la velocidad de penetración inicial de la computadora personal y de internet. En el caso de las empresas, el 88 % de las organizaciones encuestadas por la Universidad de Stanford señaló que ya utiliza esta tecnología en al menos una función empresarial.

Sam Altman habla sobre inteligencia artificial en Davos CEO Open AI
Sam Altman, CEO de OpenAI Foto: WEF

Mercados y regulación

Con este panorama, ¿qué hacen los inversionistas cuando las expectativas sobre el futuro de la IA empiezan a enfrentarse con estas señales de riesgo?

A los pocos días de estos anuncios, las empresas vinculadas al sector comenzaron a sentir el impacto en bolsa. El Nasdaq 100 cayó 1,7 % en las primeras negociaciones, arrastrado por el retroceso de las acciones asociadas a la industria de chips.

También por esos días, el índice de chips de Filadelfia bajó 6 %. Entre las compañías más afectadas estuvieron Nvidia, cuyos títulos retrocedieron 3,5 %; AMD, con una caída de 5,6 %, y Micron, que perdió 6,7 %.

De acuerdo con Jeisson Balaguera, ejecutivo de Values AAA Banca de Inversión, si bien estas variaciones no son tan significativas, las noticias alrededor de los riesgos de la IA podrían haber generado una reflexión entre los inversionistas.

Esto no significa que se esté abandonando la inversión en esta tecnología. Más bien, podría estar abriendo un espacio para evaluar cuánto y durante cuánto tiempo las empresas tecnológicas continuarán destinando recursos a infraestructura para desarrollar y operar sistemas de IA.

El experto también reiteró que el impacto de la IA en las empresas es estratégico y depende de las particularidades de cada sector, pues factores relacionados con los costos pueden estar ligados a esta tecnología, al igual que algunas decisiones de planeación.

“El impacto que la IA puede causar es alto y se espera que siga implementándose en empresas que están en proceso de crecimiento, ya que, sea del sector que sea, van a tener retos importantes en su implementación”, destacó.

En línea con esta perspectiva, Ximena Duque, presidenta de la Federación Colombiana de Software y TI (Fedesoft), señaló que la inteligencia artificial está acelerando la forma en la que se hacen negocios y generando efectos en la productividad.

En Colombia, por ejemplo, en la industria de software, las empresas que están apropiando o prestando servicios con inteligencia artificial concentran el 60 % de las ventas y crecen 8 puntos porcentuales por encima del resto del sector.

“Nosotros lo vemos definitivamente como un gran habilitador para acelerar negocios, para acelerar oportunidades, para tener mejores datos y para cerrar brechas de competitividad”, indicó.

La carrera por desarrollar la IA, entonces, sigue avanzando, pero también lo hace la discusión sobre cuánto capital requiere, qué riesgos implica y qué resultados puede generar para las empresas.

En ese escenario, las decisiones de inversión empiezan a estar atravesadas no solo por las expectativas sobre el potencial de esta tecnología, sino también por la capacidad de las compañías para convertir ese gasto en resultados y confiabilidad. 

Destacado: Magnar levanta US$8 millones para expandirse en Colombia y otros mercados de Latinoamérica; espera fuerte crecimiento