Elon Musk lanzará un millón de satélites alrededor de la Tierra para hacer la Inteligencia Artificial imparable 

El plan de Elon Musk para llevar la IA al espacio plantea un giro radical en energía, datos y órbita: ¿qué implica esta apuesta sin precedentes? 

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Elon Musk vuelve a sacudir los límites de la tecnología y la infraestructura global. SpaceX solicitó formalmente al regulador estadounidense autorización para desplegar hasta un millón de satélites en órbita baja con un objetivo que va mucho más allá de las telecomunicaciones: convertir el espacio en la próxima gran plataforma de computación para la inteligencia artificial

La solicitud fue presentada ante la Federal Communications Commission (FCC) y plantea la creación de una red de satélites solares que funcionarían como centros de datos orbitales, capaces de procesar enormes volúmenes de información directamente desde el espacio.  

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Según la compañía, la creciente demanda de cómputo impulsada por la IA ya está superando las “capacidades terrestres”, tanto en energía como en infraestructura física. 

Este movimiento, de aprobarse, multiplicaría de forma drástica la presencia de SpaceX en la órbita terrestre. Actualmente, su red Starlink cuenta con cerca de 10.000 satélites activos, una cifra que ya ha generado debates sobre congestión espacial, interferencias astronómicas y sostenibilidad orbital. 

Por qué Elon Musk quiere llevar la IA al espacio 

La tesis de Musk es clara: la inteligencia artificial es, ante todo, un problema de energía y escala. En una entrevista reciente con el podcaster Dwarkesh Patel y John Collison, presidente de Stripe, el empresario sostuvo que operar centros de datos en la Tierra será cada vez más costoso y restrictivo. 

Elon Musk

En 36 meses, y probablemente más cerca de 30, el lugar económicamente más atractivo para instalar inteligencia artificial será el espacio”, afirmó Musk. Y añadió: “Después de eso, la ventaja de estar en órbita será abrumadora. El único lugar donde realmente se puede escalar es el espacio”. 

Según Musk, las limitaciones actuales no solo están en el suelo disponible para instalar centros de datos, sino en la incapacidad de la industria eléctrica para construir plantas de generación al ritmo que exige la IA. A esto se suman los cuellos de botella en la fabricación de turbinas de gas, eólicas y otras infraestructuras críticas. 

En contraste, los satélites pueden operar con energía solar de forma constante, sin depender de redes eléctricas terrestres ni de sistemas complejos de refrigeración por agua. “Una vez entiendes qué porcentaje de la energía del Sol estás aprovechando, te das cuenta de que tienes que ir al espacio. En la Tierra no se puede escalar lo suficiente”, explicó. 

Un sistema pensado para miles de millones de usuarios de la IA

En su solicitud ante la FCC, SpaceX sostiene que esta red de centros de datos orbitales podría ofrecer la capacidad computacional necesaria para atender a “miles de millones de usuarios en todo el mundo”. La compañía plantea que los satélites operarían en órbita baja, entre 500 y 2.000 kilómetros de altitud, similar a Starlink, pero con una arquitectura orientada al procesamiento de datos y no solo a la conectividad. 

El propio Musk ha rechazado las críticas sobre saturación del espacio. En su red social X aseguró que “los satélites estarán tan separados entre sí que será difícil ver uno desde otro. El espacio es tan vasto que resulta imposible de comprender”. 

SpaceX también enmarca esta iniciativa como un paso inicial hacia lo que denomina una civilización de nivel Kardashev II, es decir, una sociedad capaz de aprovechar toda la energía de su estrella, una referencia teórica propuesta en los años sesenta por el astrónomo Nikolái Kardashev. 

Riesgos técnicos, regulatorios y ambientales de la arriesgada idea de Musk 

No obstante, el proyecto enfrenta desafíos significativos. Expertos han advertido que lanzar hardware al espacio sigue siendo costoso y técnicamente complejo, especialmente cuando se trata de proteger equipos de radiación solar, gestionar el enfriamiento y garantizar transmisiones de datos masivas hacia la Tierra. 

SpaceX (Pixabay)

Además, el crecimiento acelerado de objetos en órbita baja incrementa el riesgo de colisiones, un factor que podría dañar satélites o generar desechos espaciales peligrosos. En 2024, astrónomos también denunciaron que las emisiones de radio de Starlink estaban “cegando” instrumentos científicos, afectando investigaciones astronómicas. 

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Musk va más allá de una simple mejora incremental. En la misma entrevista, proyectó que en cinco años la cantidad de IA operando en el espacio podría superar cada año al total acumulado en la Tierra. “Mi predicción es que lanzaremos y operaremos más IA en el espacio, cada año, que toda la que exista en la Tierra combinada”, afirmó. 

Para lograrlo, reconoció que sería necesario un ritmo extremo de lanzamientos: hasta 10.000 misiones anuales, algo que SpaceX cree posible con flotas de cohetes Starship reutilizables. 

Mientras tanto, gigantes tecnológicos como Google y OpenAI ya exploran conceptos similares de computación orbital, lo que sugiere que la idea de la IA en el espacio está dejando de ser ciencia ficción para convertirse en una nueva frontera económica y estratégica

La decisión ahora queda en manos de los reguladores. Para los mercados, inversores y tomadores de decisión, el mensaje es claro: la carrera por la infraestructura de la inteligencia artificial podría salir literalmente de la Tierra