El reciente aumento en los precios internacionales del petróleo, impulsado por la escalada de tensiones geopolíticas y las restricciones en el Estrecho de Ormuz, tendrá efectos divergentes en las principales economías de América Latina, dependiendo de su condición como exportadores o importadores, según un análisis de Morgan Stanley.
Dentro de la región, Colombia se perfila como el «valor atípico positivo» en términos de actividad económica, según la multinacional financiera.
En este caso, un encarecimiento del 10 % en el petróleo Brent tiene capacidad para impulsar el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en 40 puntos básicos a través de la mejora en los ingresos tributarios, el sentimiento de inversión y las finanzas públicas.
En el frente externo, el efecto sería significativamente positivo a corto plazo, con una mejora en la cuenta corriente estimada entre el 0,3 % y el 0,4 % del PIB. Sin embargo, Morgan Stanley advierte que este beneficio podría desvanecerse si la producción local continúa su tendencia a la baja observada en los últimos años.
En cuanto a la inflación, el shock del Brent le sumaría a la variación del IPC 25 puntos básicos. Según la firma, el efecto estaría contenido en parte por las políticas de reducción en los precios domésticos de los combustibles de este gobierno.
No obstante, la creciente dependencia del gas importado (alrededor del 20 % del consumo) y la presión del crudo podrían justificar un ciclo de alzas en las tasas de interés aún más pronunciado por parte del Banco de la República, que en su primera sesión del año le sumó 100 puntos básicos a la tasa de referencia.
Exportadores bajo la lupa
En el caso de Brasil, el impacto sería favorable en las cuentas externas y fiscales, pero negativo para la inflación. Siendo el crudo su principal producto de exportación (12,8 % del total), un alza del 10 % mejoraría su cuenta corriente en un 0,17 % del PIB y generaría ingresos fiscales adicionales por 8.000 millones de reales.
Sin embargo, el indicador de precios a los consumidores subiría alrededor de 32 puntos básicos, lo que podría limitar el espacio de maniobra del Banco Central de Brasil para reducir tasas hacia finales de 2026.
Argentina, por su parte, vería en los precios altos un motor para la inversión en Vaca Muerta. El sector ya representa el 6 % del PIB y se espera que la producción de petróleo crezca un 11 % en 2026.
Aunque el superávit comercial energético mejoraría en unos US$800 millones, la desregulación del mercado local de combustibles expone la inflación a un incremento de entre 20 y 40 puntos básicos.
Vulnerabilidad en los importadores
En el otro extremo, Chile se posiciona como la economía más afectada de la región. Al ser un importador neto de petróleo, con precios en surtidor cercanos a la paridad internacional, un alza del 10 % en el crudo restaría entre 0,2 y 0,3 puntos porcentuales al crecimiento del PIB y sumaría entre 30 y 50 puntos básicos a la inflación.
Esto obligaría al Banco Central de Chile a adoptar una postura cautelosa, posiblemente manteniendo las tasas sin cambios en su próxima reunión.
México presenta una vulnerabilidad distinta: su déficit estructural en el comercio de energía y el declive en la producción de crudo pesan sobre sus cuentas.
Aunque el impacto en la inflación es mínimo (9 puntos básicos) gracias al tope de precios de la gasolina, esto tiene un costo fiscal neto del -0,13 % del PIB, ya que el gobierno reduce los impuestos a los combustibles para subsidiar el precio al consumidor.
La entidad financiera concluyó que el contexto actual ofrece oportunidades comerciales para los exportadores de la región para fortalecer sus reservas y saldos externos, pero también subraya la vulnerabilidad de los importadores ante choques externos de oferta.
Oportunidades y riesgos para las petroleras estatales
El informe destaca que petroleras estatales como Petrobras verían el precio de su acción reducido hasta en un 30 %, lo que pone en riesgo el anuncio de dividendos extraordinarios y una curva de producción en el rango superior del plan de negocios (+4 %).
No obstante, persisten riesgos a la baja relacionados con posibles cambios en los estándares de gobierno corporativo, acuerdos de pasivos fuera de balance o anuncios de fusiones y adquisiciones de gran escala.
Por último, Morgan Stanley comunicó a los inversores que mantiene relaciones comerciales y de banca de inversión con Petrobras.
—




