A pesar del impacto geopolítico derivado de la guerra en Irán, las economías de América Latina han demostrado una notable capacidad de resistencia frente a las perturbaciones globales.
Según un informe de Fitch Ratings, la región ha logrado sortear, hasta el momento, los desafíos impuestos por el aumento de los precios del petróleo, la desaceleración del crecimiento mundial y la volatilidad en las condiciones de financiamiento externo.
La capacidad de la región para absorber este choque externo se fundamenta en cuatro pilares clave: la distancia geográfica y logística, los fundamentos macroeconómicos, el mejor posicionamiento externo y el apoyo internacional.

Por un lado, las principales monedas latinoamericanas se han visto menos afectadas que las de otros mercados emergentes, en parte debido a la distancia física del conflicto y a una menor dependencia del suministro energético que transita por el Estrecho de Ormuz.
Además, la mayoría de los países cuentan con desequilibrios externos moderados, sólidas posiciones de liquidez externa y regímenes de tipos de cambio flexibles.
En general, las posiciones externas son más fuertes que durante el choque energético de 2022, con proyecciones de déficits de cuenta corriente más estrechos en varios soberanos.
Sumado a esto, los programas del FMI en países con calificaciones bajas proporcionan una capa adicional de protección.
Fitch no ha realizado revisiones a la baja significativas en las proyecciones de crecimiento debido a la guerra, pero anticipa una desaceleración en el crecimiento medio regional al 2,7 % en 2026, frente al 3,1 % registrado en 2025.
Esta estabilidad sugiere que, aunque el entorno es desafiante, los marcos de política económica de América Latina están permitiendo que el impacto del conflicto sea, por ahora, manejable.
El caso de Colombia y el impacto en otros países
Colombia se destaca en este contexto como uno de los exportadores netos de hidrocarburos que podría beneficiarse de los ingresos extraordinarios derivados del alza en los precios del petróleo.
No obstante, este beneficio viene acompañado de retos significativos para su política monetaria. La inflación en Colombia ya se encuentra cerca o por encima del límite superior del rango meta del banco central (2 % al 4 %), lo que complica la gestión de los precios internos ante el aumento de los costos de la energía y los fertilizantes.

Argentina, Brasil y Ecuador, al igual que Colombia, son exportadores netos que podrían aprovechar la bonanza petrolera, aunque parte de esos recursos podría destinarse a subsidios para proteger a la población local.
En otros casos, como el de República Dominicana, Fitch revisó su perspectiva de positiva a estable en abril, reflejando los riesgos que el alto precio del crudo impone sobre sus cuentas.
Por su parte, las naciones de Centroamérica y el Caribe enfrentan mayores vientos en contra debido a su dependencia de las importaciones de energía y alimentos. Estos países enfrentan una mayor presión en sus cuentas fiscales.
A pesar de la resiliencia inicial, Fitch advierte que persisten riesgos importantes.
En primer lugar, el gasto público podría aumentar si los gobiernos reintroducen o incrementan subsidios a los combustibles para mitigar el impacto social, lo que deterioraría las trayectorias de deuda si el choque se prolonga.
De hecho, la agencia calificadora advierte que, en la región, los altos déficits y el aumento de la deuda restringen el espacio fiscal necesario para implementar políticas contracíclicas en la mayoría de las economías más grandes.

Además, los alimentos, el combustible y la electricidad representan una gran parte de las canastas del IPC en la región. El aumento de precios podría contaminar las expectativas de inflación a largo plazo.
Finalmente, la resolución del conflicto en Irán y la dinámica del crecimiento mundial siguen siendo factores altamente volátiles que podrían afectar las proyecciones.
Fitch Ratings destaca que la gran mayoría de las calificaciones soberanas de la región permanecen estables. Actualmente, más de tres cuartas partes de las perspectivas son estables, con cuatro positivas y ninguna negativa.
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