Durante años, la Generación Z ha cargado con el estigma de ser una generación de jóvenes que gasta más de lo que ahorra, prioriza las experiencias sobre el patrimonio y vive pendiente del consumo inmediato.
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Sin embargo, las cifras más recientes empiezan a desmontar ese imaginario. Aunque estos jóvenes enfrentan un costo de vida más alto, mayores dificultades para acceder a vivienda y un mercado laboral desafiante, cada vez más están incorporando hábitos de ahorro y planificación financiera, pero bajo reglas muy distintas a las de generaciones anteriores.
Ese cambio de comportamiento está siendo impulsado por la digitalización, el acceso a nuevas herramientas financieras y una visión diferente sobre el dinero, en la que el ahorro no se entiende únicamente como acumular recursos, sino como un mecanismo para alcanzar independencia económica, bienestar y proyectos personales.
La Generación Z está conformada, en términos generales, por las personas nacidas entre mediados de la década de 1990 y comienzos de la de 2010. Es decir, quienes hoy tienen aproximadamente entre 15 y 30 años y representan una parte cada vez más importante de la fuerza laboral y del consumo en Colombia y el mundo.
Precisamente, un estudio realizado por Bank of America en 2026 encontró que el 66 % de los jóvenes de la Generación Z afirma estar ahorrando actualmente, frente al 60 % registrado apenas dos años antes. Además, el 81 % considera importante ser visto como una persona financieramente responsable, una señal de que el manejo del dinero se ha convertido en un aspecto prioritario para esta población.
Los resultados también muestran que el contexto económico ha obligado a modificar hábitos de consumo. Cerca del 70 % de los jóvenes ha tomado medidas para enfrentar el aumento del costo de vida, como reducir gastos en entretenimiento, disminuir las salidas sociales o buscar ingresos adicionales. Al mismo tiempo, tres de cada cuatro aseguran que buscan activamente formas de ahorrar en su vida cotidiana.

No obstante, la realidad sigue siendo compleja. El estudio revela que el 42 % vive de salario en salario, mientras que el 49 % identifica el alto costo de vida como el principal obstáculo para cumplir sus metas financieras, lo que evidencia que ahorrar no significa necesariamente contar con una amplia capacidad económica.
El ahorro ya no significa lo mismo para los jóvenes
Para Michael Rodríguez, director de Mercadeo de Fincomercio, la transformación no radica en si los jóvenes ahorran o no, sino en la manera como entienden ese proceso.
«La evidencia demuestra que los jóvenes sí están ahorrando. Lo que está cambiando es la manera de hacerlo. Hoy buscan herramientas más flexibles, digitales y alineadas con sus proyectos de vida. El ahorro dejó de ser únicamente una práctica financiera para convertirse en una herramienta que les permite construir bienestar, independencia y oportunidades de futuro», afirmó el directivo.
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Según la entidad, esta generación también relaciona el ahorro con conceptos como educación financiera, salud financiera, calidad de vida y propósito personal. Incluso, cuando fueron consultados sobre qué harían si recibieran ingresos adicionales, más de la mitad respondió que los destinaría al ahorro, superando el comportamiento observado en generaciones de mayor edad.
Otro cambio identificado es la forma en que la Generación Z conversa sobre sus finanzas.

De acuerdo con los hallazgos del estudio, el 60 % asegura hablar de dinero con sus amigos, mientras que el 42 % practica lo que algunos analistas denominan «presupuesto sin filtros», una tendencia que consiste en expresar con naturalidad cuándo una actividad supera su presupuesto o cuándo prefieren no gastar para mantener sus objetivos financieros.
Esta práctica, que hace algunos años podía interpretarse como un tema incómodo o incluso vergonzoso, hoy se convierte en una estrategia para evitar el sobreendeudamiento y fortalecer hábitos financieros sostenibles.
¿Qué significa esta tendencia para Colombia?
Aunque buena parte de las cifras provienen de estudios internacionales, Fincomercio considera que estos comportamientos empiezan a replicarse también en Colombia y otros países de América Latina, donde los jóvenes muestran un mayor interés por ahorrar, invertir y fortalecer su estabilidad económica, pese a enfrentar condiciones más difíciles que generaciones anteriores.
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Por ese motivo, el desafío para las entidades financieras ya no consiste únicamente en ofrecer productos de ahorro tradicionales. La prioridad pasa por desarrollar herramientas digitales, programas de educación financiera y soluciones adaptadas a una generación que espera procesos más ágiles, flexibles y alineados con sus objetivos personales.




