El terremoto que sacudió al Occidente de Colombia el pasado 10 de agosto de 2026 no solo dejó pérdidas y afectaciones humanas, sino que ha desatado una disrupción en el aparato productivo de la región, de acuerdo con ANIF.
Un análisis del centro de pensamiento económico revela que, aunque el suceso afectó a cinco departamentos (Valle del Cauca, Risaralda, Caldas, Quindío y Chocó), dos de ellos, Chocó y Valle del Cauca, registran los mayores niveles de vulnerabilidad económica.
ANIF explicó que esta mayor exposición se explica por dos razones diametralmente opuestas: debido a sus profundas debilidades estructurales y por la inmensa cantidad de actividad productiva expuesta.

De acuerdo con las evaluaciones preliminares del Gobierno, los daños económicos directos en los cinco departamentos ascienden a aproximadamente $30 billones. De esta cifra, $24,5 billones corresponden a pérdidas en edificaciones y $5,5 billones a daños en infraestructura (especialmente en energía y transporte, lo que compromete la logística regional).
Incluso la distribución de estas pérdidas es marcadamente desigual: Valle del Cauca concentra el 65 % de los daños, con pérdidas de $19,5 billones, y a este le sigue Risaralda con $5,4 billones.
El centro de pensamiento recordó que históricamente, los terremotos en Colombia (como el del Atrato Medio en 1992, Páez en 1994, el Eje Cafetero en 1999 o Quetame en 2008) han restado un promedio de 0,2 % al PIB en el trimestre de ocurrencia. Sin embargo, advierten que esta vez la afectación sobre el crecimiento podría ser severa, debido a la amplitud de la zona afectada y a las disrupciones viales hacia el sur del país y el estratégico puerto de Buenaventura.
Radiografía de la vulnerabilidad departamental
El informe de ANIF destaca que los cinco departamentos afectados representan en conjunto cerca del 14,5 % del PIB nacional. Aquí, la relevancia de cada economía es dispar: el Valle del Cauca concentra el 9,8 % del PIB colombiano, mientras que Risaralda y Caldas aportan cada uno el 1,7 %, Quindío participa con el 0,9 % y Chocó apenas con el 0,5 %.
Para medir la capacidad de absorción y la exposición frente al desastre, ANIF diseñó un Índice Compuesto de Vulnerabilidad Económica (en escala de 0 a 100, donde 100 es la máxima vulnerabilidad).

Según este cálculo, Chocó es el territorio más vulnerable, con una puntuación de 60/100. El departamento, de acuerdo con el ejercicio, sufre por un PIB per cápita bajo, una estructura muy concentrada en agricultura, minería y administración pública y la mayor volatilidad histórica en su crecimiento. Además, su capacidad para asimilar choques económicos es extremadamente limitada.
Valle del Cauca (40,1/100) ocupa el segundo lugar en vulnerabilidad. Aunque tiene ingresos sólidos y diversificación, su riesgo radica en el volumen de su economía expuesta: los sectores intensivos en activos físicos (industria, comercio y actividades inmobiliarias) representan el 47 % de su valor agregado departamental.
Por su parte, Quindío (35,6/100) muestra una alta vulnerabilidad en el Eje Cafetero debido a un PIB per cápita bajo, concentración productiva e inestabilidad histórica, mientras que Risaralda (30,4/100) registra una vulnerabilidad intermedia en medio de su alta dependencia de infraestructura en comercio, industria y construcción (que pesan el 42,7 % de su economía), y Caldas (24,5/100) presenta las condiciones más favorables y menor vulnerabilidad gracias a una estructura económica diversificada y estable.
Empleo en jaque tras el terremoto
El canal de transmisión más preocupante de esta crisis para ANIF es el mercado laboral. La región afectada por el terremoto concentra el 15 % de los ocupados del país y aportó 1 de cada 4 empleos creados (el 25 %) a nivel nacional en el primer semestre de este año. No obstante, el dinamismo previo se apoyaba en sectores sensibles a la destrucción física de infraestructura (como agricultura, comercio y turismo).
Además, la asimetría en las condiciones del mercado laboral de los departamentos es crítica. Mientras Risaralda (7,3 %) y Caldas (7,7 %) se ubican por debajo del promedio nacional (8,9 %), el desempleo en el Valle del Cauca asciende al 9,7 % y en Chocó llega al 11,5 %.
Por otro lado, el drama estructural de Chocó se refleja en una tasa de informalidad del 84,7 %, muy superior al promedio nacional del 54,1 %. En contraste, el Valle del Cauca registra 52,3 %, Quindío 51 %, Caldas 50,3 % y Risaralda un 48,3 %. Al carecer de redes de seguridad social, los trabajadores informales del Chocó sufrirán pérdidas inmediatas de ingresos, retrasando su recuperación.

El suministro de comida es el otro frente crítico de la emergencia. Durante lo corrido de 2026 hasta julio, las ciudades de Cali, Pereira, Manizales y Armenia concentraron el 13,5 % del abastecimiento de alimentos del país. Tras el terremoto, la llegada de alimentos a estas centrales mayoristas sufrió un desplome inmediato durante la semana de la catástrofe, en algunos casos superior al 50 % (Pereira), mientras en el resto del país no llegó al 9 %.
Para ANIF, la preocupación se extiende al mediano plazo ya que la región es una despensa agrícola vital: estos cinco departamentos aportaron el 48,8 % de la producción agrícola y pecuaria del país en 2025, con el Valle del Cauca a la cabeza registrando 182,6 millones de toneladas.
¿Se disparará el costo de vida?
Aunque el impacto local sobre el precio de la comida será evidente, ANIF concluye que el impacto en la inflación nacional dependerá de qué tan rápido se restablezca la movilidad vial.
Las cuatro ciudades afectadas representan el 13,9 % del total del Índice de Precios al Consumidor (IPC) nacional, con Cali aportando la gran mayoría con el 9,15 %, seguida de Pereira (2,06 %), Manizales (1,67 %) y Armenia (1,05 %). Esto sugiere que, de prolongarse la crisis, el golpe inflacionario será agudo a nivel regional, aunque más moderado sobre el IPC consolidado del país.
El centro de pensamiento concluyó que la priorización de la reconstrucción debe mirar más allá de los billonarios daños materiales del Valle y atender con urgencia las debilidades sociales crónicas de departamentos como el Chocó, que carecen de las herramientas para levantarse por sí solos.
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