Codirector Villamizar cree que el Gobierno tiene un sesgo en su visión frente a las tasas de interés

En entrevista con Valora Analitik, el doctor en economía señaló que este enfoque conlleva el riesgo de que el crecimiento económico sea menos duradero.

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Mauricio Villamizar, codirector del Banco de la República, se refirió a la existencia de un sesgo en la visión del Gobierno respecto a las tasas de interés, el cual, en su opinión, parece priorizar la búsqueda de un mayor crecimiento en el corto plazo. Esto en medio de la insistencia del presidente y su ministro de Hacienda por seguir flexibilizando la política monetaria.

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En entrevista con Valora Analitik, el doctor en economía señaló que este enfoque conlleva el riesgo de que el crecimiento económico sea menos duradero, menos sostenible e incluso más bajo en el largo plazo de lo que se lograría bajo otras circunstancias.

El codirector detalló también que la posibilidad de incrementar las tasas de interés se venía gestando antes de conocerse el aumento del salario mínimo, debido a indicadores como el alza en las expectativas de inflación y un mayor riesgo país, factores que el incremento de más del 23 % terminó por reforzar.

Incluso se refirió a la posibilidad de que una repatriación de recursos pensionales a Colombia o menores salidas de capital al exterior, como solicitó el Gobierno, genere presiones de apreciación en la tasa de cambio.

El mercado supone que usted fue quien puso sobre la mesa de la Junta Directiva el año pasado la posibilidad de que se empezaran a hacer incrementos de tasas de interés. ¿El tema no se había considerado hasta que lo mencionó?

Independientemente de quién haya sido el primero en mencionar la posibilidad de aumentos en la tasa, lo cierto es que varios de nosotros ya empezábamos a considerar cada vez más probable la necesidad de reforzar la postura monetaria. Con el paso de los meses, esa postura parecía ir perdiendo fuerza, en particular por el aumento en las expectativas de inflación y por un mayor riesgo país. En ese contexto, también surgió una visión compartida entre varios miembros de la Junta y el equipo técnico del Banco de que podríamos estar subestimando la tasa neutral y, al mismo tiempo, sobrestimando el PIB potencial. Todo ello hacía razonable empezar a contemplar un ajuste en la tasa de interés para preservar la convergencia de la inflación y la credibilidad del marco de política monetaria.

En su momento, cuando la Junta empezó a contemplar esa posibilidad de subir las tasas ¿anticipó o vio viable que esta decisión se tomara en la primera reunión del año?

La posibilidad de subir las tasas estuvo sobre la mesa incluso desde antes y, en particular, fue contemplada en diciembre, como quedó consignado en las minutas por parte de algunos codirectores. Esto resalta que, aun antes de conocerse el aumento del salario mínimo, varios indicadores ya sugerían, a mi juicio, la conveniencia de adoptar una postura de política monetaria más restrictiva. Posteriormente, el aumento del salario mínimo reforzó esa evaluación, al ampliar algunos de los desequilibrios que preocupan a la política macroeconómica, como la brecha de la inflación frente a su meta y los desbalances externos y fiscales, incluyendo el déficit en cuenta corriente y el déficit fiscal.

¿Considera que el rápido deterioro de los indicadores y sus proyecciones en diciembre obligó al Banco de la República a tomar medidas en enero?

Sin duda, en enero observamos un panorama distinto tras el aumento significativo del salario mínimo. Casi todas las expectativas de inflación, incluido el pronóstico del equipo técnico, se revisaron al alza en cerca de 200 puntos básicos. Este cambio sugería que la postura de política monetaria había pasado a ser más cercana a neutral que a restrictiva, aun con tasas nominales en niveles elevados. Esto se sumó a los factores y riesgos que ya venían acumulándose y que, en mi opinión, justificaban considerar un mayor grado de restricción en la política monetaria.

El Banco de la República lleva meses publicando artículos sobre el efecto de la inflación y los factores que mueven las tasas. Sin embargo, el Gobierno insiste en la conveniencia de flexibilizar la política monetaria ¿considera que están manteniendo una visión sesgada a pesar de la evidencia?

Sinceramente, creo que sí. Ese sesgo parece estar asociado a la búsqueda de un mayor crecimiento en el corto plazo, aun cuando ello pueda implicar que ese crecimiento sea menos duradero, menos sostenible y, en el largo plazo, incluso más bajo de lo que podría ser bajo un marco macroeconómico más equilibrado. Afortunadamente, una de las fortalezas de la autonomía de la política monetaria es que sus decisiones no están enmarcadas en horizontes políticos o en periodos presidenciales, sino en la necesidad de preservar la estabilidad de precios y las condiciones para un crecimiento sostenible en el tiempo.

Los analistas se debaten entre la conveniencia de hacer algunos recortes de gran magnitud en la tasa a inicio de año o hacer pequeños aumentos de manera progresiva en todo 2026 y más allá ¿Qué sería lo más adecuado en esta coyuntura?

Hemos analizado este tema en profundidad, tanto para el caso de Colombia como a la luz de la experiencia internacional, con ejercicios tanto teóricos como empíricos. En general, la evidencia muestra que existen ventajas en actuar de manera oportuna, incluso si en el corto plazo ello puede resultar más costoso. Tomar medidas tempranas suele permitir que, en el mediano y largo plazo, las tasas de interés se ubiquen en niveles más bajos y que la economía alcance un crecimiento más sólido y sostenible.

¿Qué es más importante al tomar decisiones de política monetaria: enviar señales prontas al mercado de que el banco central está actuando o ver esos cambios reflejados en los indicadores macroeconómicos?

Ambos son fundamentales y, en realidad, son dos partes del mismo proceso. La política monetaria funciona en gran medida a través de expectativas, por lo que es importante enviar señales claras y oportunas de la dirección y magnitud de la política. Pero esas señales deben, a su vez, transmitirse efectivamente a la economía real y reflejarse en los indicadores macroeconómicos. En otras palabras, no basta con comunicar la intención de actuar; también es necesario que esa señal se materialice y tenga efectos concretos sobre la inflación, las expectativas y la actividad económica.

Las proyecciones de los expertos coinciden en que la inflación de la primera mitad de año irá inevitablemente al alza por el efecto del salario mínimo. ¿Esto significa que con el tiempo se mitigan?

Si bien es probable que los efectos del aumento del salario mínimo se empiecen a manifestar con mayor claridad hacia el final del primer trimestre y comienzos del segundo, sus impactos no se limitan a ese periodo. En la práctica, pueden transmitirse gradualmente a distintos precios de la economía a lo largo de todo el año, e incluso hacia finales del mismo. Esto ocurre porque el salario mínimo influye en múltiples costos laborales, contratos y precios regulados o indexados. Por lo tanto, más que un efecto puntual en un mes específico, lo que suele observarse es un proceso de transmisión paulatina que puede mantener presiones sobre la inflación durante varios trimestres.

¿Cuál es su lectura respecto a la influencia que la coyuntura internacional, los precios del petróleo, la inflación, las operaciones del MinHacienda y las noticias locales (en época electoral) pueden tener sobre el precio del dólar en Colombia?

Con Juan José Echavarría (exgerente del Banco) hicimos un estudio que mostraba que pronosticar la tasa de cambio puede ser tan efectivo como lanzar una moneda al aire en comparación con el consenso de analistas, lo cual es consistente con la hipótesis de mercados eficientes. Aun así, sí se pueden identificar algunos factores que influyen en su comportamiento. En gran medida son externos. Por ejemplo, el peso colombiano ha venido reaccionando a un dólar globalmente más débil. También influyen las decisiones de la Reserva Federal y el apetito global por riesgo, que tiende a disminuir en episodios de tensiones o crisis geopolíticas.

También hay factores internos. Las expectativas sobre los flujos de los fondos de pensiones son particularmente relevantes: si el mercado anticipa repatriación de recursos o menores salidas al exterior, ello puede generar presiones de apreciación. Así mismo, el riesgo país juega un papel importante, ya que un deterioro en la credibilidad fiscal tiende a depreciar la moneda. Finalmente, las operaciones de manejo de deuda del Gobierno, cuando son de magnitud significativa, también pueden afectar la tasa de cambio, generando presiones de apreciación o depreciación dependiendo de si implican ventas o compras de dólares.