El panorama crediticio de América Latina para 2026 presenta una dualidad marcada: mientras la región muestra una tendencia al alza en sus calificaciones soberanas, Colombia enfrenta un camino complejo tras haber perdido su nota de ‘BB+’.
Según el informe más reciente de Fitch Ratings, la mayoría de los soberanos latinoamericanos mantienen perspectivas estables o positivas, apoyadas por un crecimiento constante y condiciones de financiamiento externo favorables.
Sin embargo, la agencia calificadora destacó que para 2026 ningún país de la región tiene una perspectiva negativa; de hecho cinco soberanos (Aruba, Barbados, Costa Rica, República Dominicana y Paraguay) cuentan con perspectivas positivas.

La firma también dejó ver que proyecta un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) regional del 2,2 %, una cifra superior al promedio registrado entre 2015 y 2019 (0,9 %).
Este optimismo se sustenta en precios de materias primas favorables, especialmente el cobre y el oro, un dólar estadounidense débil y una liquidez externa adecuada.
Sin embargo, advierte que persisten riesgos externos significativos, como la desaceleración de China y EE. UU., las tensiones geopolíticas —incluyendo la intervención estadounidense en Venezuela y el resurgimiento de la Doctrina Monroe— y la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Colombia, en una encrucijada
En contraste con la estabilidad general, Colombia fue rebajada a ‘BB’ con perspectiva estable en diciembre del año pasado. Fitch fundamentó esta decisión en los persistentes déficits fiscales, que han promediado más del 7 % del PIB en los últimos seis años, y una deuda pública creciente.
Para 2026, la agencia advierte que el déficit fiscal colombiano podría deteriorarse aún más debido a efectos de base y rigideces presupuestarias.
Además, la firma cree que la economía colombiana se enfrenta a un entorno de tasas de interés restrictivas y una inflación que aún no alcanza la meta del 3 % del banco central.
Aunque se pronostica un crecimiento del 2,9 % para 2026, este panorama está nublado por la incertidumbre de las reformas y la política monetaria ajustada que frena la inversión empresarial.
Fitch destacó que el ciclo electoral de 2026 será crítico para definir el perfil crediticio del país. Las elecciones legislativas y las primarias presidenciales están programadas para el 8 de marzo, seguidas de la primera vuelta presidencial el 31 de mayo.
Según sus modelos económicos, una victoria de Iván Cepeda podría implicar riesgos para la consolidación fiscal porque propone un modelo de crecimiento liderado por el Estado con énfasis en el gasto social e impuestos más altos para los sectores más ricos.
Del otro lado, Abelardo de la Espriella, con una plataforma alineada a líderes como Milei o Bukele y planes de recortar impuestos y reducir drásticamente el gasto estatal, podría poner en riesgo los ingresos, especialmente del Gobierno, según la agencia, dado que el 90 % del gasto en Colombia es rígido.

Riesgos y perspectivas futuras en Colombia
Para Fitch, la consolidación fiscal en Colombia enfrenta desafíos estructurales, incluyendo la presión del gasto en salarios y la incertidumbre tras la suspensión provisional del aumento del 23 % al salario mínimo por parte del Consejo de Estado.
Para que Colombia logre estabilizar su calificación o aspirar a una mejora, la agencia indica que se requiere una confianza renovada en que la política fiscal pondrá la relación deuda/PIB en una trayectoria descendente.
Por el contrario, un aumento significativo de la deuda, un crecimiento débil o una depreciación abrupta del peso —considerando que el 30 % de la deuda está denominada en dólares— podrían presionar la calificación a la baja.
Mientras Paraguay se acerca al grado de inversión y países como Argentina y Bolivia muestran signos de recuperación desde niveles bajos, Colombia se encuentra en un periodo de observación crítica, donde el resultado de las urnas en 2026 determinará si el país puede recuperar la confianza de los mercados internacionales.
—




