El mercado laboral colombiano alcanzó un hito estadístico en marzo, cuando la tasa de desocupación nacional se ubicó en 8,8 %, la cifra más baja para este mes en los últimos 25 años.
Sin embargo, más allá el optimismo de dicho indicador, los analistas han advertido de una realidad más compleja que se oculta tras el salvavidas del empleo público y una dinámica rural que compensa el agotamiento de las grandes ciudades.

La creación de empleo en el último año ha dependido de forma desproporcionada del Estado. Según Bancolombia, el empleo público explicó el aumento de la ocupación mensual, acumulando 785.000 nuevos puestos en lo que va de 2026. Solo en marzo, la rama de administración pública, salud y educación aportó 369.000 nuevos ocupados.
Este dinamismo ha servido para mitigar el impacto del elevado ajuste del salario mínimo, que, según el Banco de Bogotá, «habría generado efectos diferenciados a nivel regional, siendo las zonas urbanas las más afectadas» al desincentivar la contratación formal privada.
Sin la expansión del gasto en nómina estatal, el deterioro del mercado laboral urbano habría sido mucho más evidente, de acuerdo con los analistas.

Deterioro del empleo urbano
El análisis de las cifras oficiales del DANE también advierte que mientras el desempleo nacional cae, el mercado laboral en las 13 principales ciudades muestra signos de debilidad.
Mariana Quinche, economista de BBVA Research, destacó que «el comportamiento es heterogéneo entre regiones», señalando que en las ciudades la dinámica del empleo fue de apenas 0,8 %, frente al 2,7 % del total nacional.

El director de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá, Camilo Pérez, fue más tajante al afirmar que el mercado urbano está en su «momento más débil en poco más de un año».
En el primer trimestre, las zonas rurales registraron un aumento de 557.000 ocupados, mientras que en las ciudades el incremento fue de apenas 92.000 personas, la cifra más baja en año y medio.
Existe la inquietud de si, ante los altos costos laborales urbanos, algunos sectores están «absorbiendo trabajo más informal en zonas rurales» para sobrevivir, de acuerdo con Pérez.
Informalidad persistente
A pesar de que la tasa de informalidad bajó al 55,6 % (frente al 57,7 % de 2025), el problema de los trabajadores al margen de la protección en seguridad social sigue siendo estructural. Bancolombia advierte que «persiste una elevada participación de actividades y posiciones laborales informales».
Un factor crítico es el trabajo por cuenta propia, que en marzo explicó cerca del 70 % de los nuevos puestos de trabajo, según ANIF. Este segmento se caracteriza por una «alta volatilidad de ingresos y una baja afiliación a la seguridad social», lo que limita la estabilidad y la productividad en el largo plazo.

Quizás el dato más preocupante para el crecimiento futuro es que el empleo está cayendo en sectores con alto potencial de encadenamientos productivos. ANIF resalta que la ocupación se contrajo significativamente en la agricultura (-242.000 empleos) y la industria manufacturera (-166.000).
El centro de pensamiento destacó que la creación de empleo se está concentrando en actividades de bajo valor agregado, lo que puede derivar en pérdidas de productividad, similar a lo ocurrido en 2025 cuando la productividad laboral por persona empleada cayó 0,56 %.
«Una mayor ocupación no necesariamente se refleja en mayores ganancias para la economía e incluso puede afectar el crecimiento de largo plazo», señala el informe firmado por José Ignacio López.

En conclusión, aunque Colombia celebra una tasa de desempleo de un solo dígito, el mercado laboral se sostiene sobre pilares frágiles: una contratación pública expansiva y un refugio en el trabajo independiente, mientras el corazón industrial y agrícola del país sigue perdiendo manos.




