Gasto público evitó un estancamiento mayor de la economía colombiana en el primer trimestre

El gasto público se consolidó como el rubro más sólido de la demanda interna, con un crecimiento anual del 7,8 %.

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Aunque el crecimiento económico del primer trimestre de 2026 (2,2 % anual) muestra una ligera aceleración frente al cierre de 2025, el Producto Interno Bruto (PIB) de Colombia empieza a mostrar señales de agotamiento, de acuerdo con los analistas.

Sin embargo, al mercado le sorprendió que los datos revelados por el DANE dejaron en evidencia que el dato no solo fue inferior a lo que proyectaban (2,5 %) sino que confirmaron la dependencia de la actividad del Gobierno.

El gasto público se consolidó como el rubro más sólido de la demanda interna, con un crecimiento anual del 7,8 %. Este dinamismo fue tan determinante que, según análisis del Banco de Bogotá, explicó el 46 % del crecimiento total del trimestre.

Sin este impulso fiscal, la economía colombiana habría crecido apenas entre un 1,2 % (Bancolombia) y un 1,4 % (Banco de Bogotá). De hecho, entidades como el Banco Itaú proyectan que el PIB crezca este año el 2,1 % previendo que el dinamismo de la demanda interna probablemente se moderará.

Este comportamiento estuvo impulsado principalmente por tres factores: la fuerte ejecución presupuestal en la organización de las jornadas electorales de marzo, el incremento en la remuneración del sector defensa (asociado al ajuste del salario mínimo y bonificaciones) y la formalización laboral de madres comunitarias en el ICBF. Solo la remuneración de asalariados en la organización electoral presentó un incremento anual del 104 %, según Bancolombia.

“El dinamismo reciente del PIB no refleja una recuperación generalizada del sector privado: el crecimiento del consumo público explica un 63 % del crecimiento económico en los últimos tres trimestres (2,7 % observado versus 1 % contrafactual)”, señaló Luis Fernando Mejía, CEO de Lumen Economic Intelligence.

Consumo de los hogares se concentra en bienes

En contraste, el consumo de los hogares creció un 2,7 % anual, impulsado por un flujo positivo de remesas y un crecimiento atípico en los ingresos salariales.

“Si bien ese crecimiento todavía no se compara con los niveles de expansión que teníamos prepandemia, lo cierto es que los hogares siguen manteniendo la posibilidad de consumir una canasta diversa de bienes y servicios”, según Jackeline Piraján, economista principal DaviBank.

Aquí llama la atención que los hogares han intensificado el consumo de bienes (+3,9 %) mientras moderan el de servicios (+1,9 %). Esto se debe a que la inflación de servicios se mantiene alta (cerca del 9 %), afectando rubros como restaurantes y hoteles, que completaron su tercera contracción anual consecutiva (-0,6 %).

Sin embargo, de acuerdo con Piraján, “todavía estamos viendo una capacidad bastante decente de consumir bienes durables y semidurables, tal vez sin necesidad de acudir al crédito. Y eso da cuenta que ese choque de ingresos que venimos experimentando hace algún buen tiempo se mantiene para los hogares”.

La apreciación del peso colombiano (11,8 % anual) también favoreció la compra de bienes durables importados, como tecnología, electrodomésticos y vehículos, los cuales crecieron un 12,7 %.

A pesar de la robustez relativa, el consumo privado muestra señales de agotamiento como respuesta al escenario de tasas de interés elevadas, que, según analistas, podrían incluso volver a subir en la Junta de finales de junio para contener la inflación.

“Los resultados reportados son consistentes con la aceleración en la inflación y por ende con las acciones de política monetaria de incremento de tasas observadas en el primer trimestre del año. En este orden de ideas, se podría esperar mayores incrementos de tasas del banco central en los próximos meses”, indicó Alejandro Reyes, economista principal del BBVA Research.

Sectores económicos en la encrucijada

El desempeño sectorial fue heterogéneo, con 10 de las 12 actividades económicas en terreno positivo, pero con caídas críticas en sectores clave.

El Banco de Occidente señaló que la construcción se mantiene como el sector más rezagado con una contracción del 5,4 %, acumulando seis trimestres de caídas. En detalle, el segmento de edificaciones cayó un 8,2 %, afectado por el alto costo de la vivienda y la incertidumbre local.

Además, la agricultura registró una caída del 1,4 %, tras un crecimiento del 5,8% el año anterior. El resultado fue lastrado por el café, cuya producción alcanzó su nivel más bajo en 13 años para un primer trimestre, con una contracción del 30,4 %.

En contraste, la administración pública (5,7 %), el comercio (2,9 %) y las actividades financieras (2,8 %) fueron los que más aportaron al PIB.

Finalmente, la inversión fija registró un crecimiento anual del 3,7 %, recuperándose de la contracción sufrida a finales de 2025. Este repunte se debió casi exclusivamente a la adquisición de maquinaria y equipo (12,8 %), incentivada por el abaratamiento de bienes importados debido a la tasa de cambio.

Sin embargo, la inversión total presentó una contracción del 3 %, explicada por una marcada caída en los inventarios (existencias). Los expertos advierten que la tasa de inversión se mantiene en niveles históricamente bajos (17 % al 19 % del PIB), lo que compromete el crecimiento de largo plazo y refleja una persistente desconfianza del sector privado frente al fuerte desplazamiento ejercido por el gasto público.

“La inversión —medida por la formación bruta de capital fijo— continúa 10,7 % por debajo de los niveles prepandemia, lo que sugiere un desplazamiento de la inversión privada frente al ciclo expansivo del gasto público”, concluyó Mejía.