Entre los 100 deportistas mejor pagados del mundo casi todos comparten un patrón: salarios gigantes, contratos publicitarios y mucha fama. Pero existe otro grupo menos visible que rompió esa lógica. Son atletas que no marcaron época en sus disciplinas, que nunca lideraron rankings históricos y que, aun así, terminaron con patrimonios muy superiores a los de figuras consagradas. La diferencia no estuvo en el talento deportivo sino en el tipo de negocios que montaron después.
Y es que el contraste es extremo. Por ejemplo, el exfutbolista francés Mathieu Flamini, con pasado en Arsenal y Milan, ganó cerca de US$30 millones en 15 años como futbolista profesional, una cifra alta para el ciudadano promedio, pero pequeña frente a los sueldos actuales del fútbol europeo.
Sin embargo, su empresa de biotecnología GF Biochemicals, dedicada a producir ácido levulínico para reemplazar derivados del petróleo, se valora hoy entre US$10.000 y US$20.000 millones. Es decir que su activo empresarial vale 500 veces más que todo lo que recibió en contratos deportivos.
Otro ejemplo es Junior Bridgeman, un escolta promedio de los Milwaukee Bucks de la NBA en los años ochenta, que terminó su carrera con apenas US$4 millones acumulados. Su salario máximo anual fue de US$350.000 y con ese dinero compró sus primeras franquicias de comida rápida y construyó un holding que hoy vale alrededor de US$600 millones. En otras palabras, generó más riqueza vendiendo hamburguesas que jugando baloncesto profesional.

Cuando se retiró, trabajó como empresario de restauración y llegó a ser presidente de la cadena de restaurantes Chili’s, que incluía en su nómina a unos 11.000 trabajadores. Bridgeman murió el 11 de marzo de 2025, pero dejó una enorme fortuna gracias a su talento para los negocios.
De las raquetas a los grandes emporios
El mismo fenómeno aparece en el tenis con el británico David Lloyd. Sus premios no llegaron a US$500.000, pero creó la cadena de gimnasios y clubes familiares ‘David Lloyd Leisure’, la más grande del Reino Unido, valorada en US$250 millones.
Lloyd fue capitán del equipo de Reino Unido de Copa Davis en los años ochenta, pero su palmarés no fue el más destacado. El extenista es más reconocido por su capacidad de crear empresas y de mantener a su emporio de gimnasios como uno de los más reconocidos del mundo.
Por su parte, el extenista rumano Ion Țiriac, contemporáneo de Lloyd, ganó menos de US$1 millón en una época en la que el tenis pagaba muy poco. Hoy su grupo empresarial, banca, seguros, concesionarios de autos y bienes raíces, se calcula en US$2.100 millones.
Țiriac fundó el primer banco privado de Rumanía después del comunismo y hoy, a sus 86 años, es uno de los más influyentes y reconocidos empresario en Europa del Este.

Negocios que valen más que toda una carrera deportiva
Louis Saha es un ejemplo reciente en el fútbol. El exdelantero francés del Manchester United tuvo una trayectoria aceptable en la Premier League y acumuló entre US$30 y US$40 millones en salarios. Después de retirarse fundó AxisStars, una plataforma digital que conecta a atletas con marcas e inversionistas.
El proyecto atrajo capital del sector tecnológico y su valoración se cuenta en miles de millones de dólares, muy por encima de lo que cualquier club le pagó en su vida.
El exbasquetbolistas Vinnie Johnson siguió un camino parecido al de Bridgeman. Nunca fue una superestrella de la NBA, pero entendió el negocio industrial de Detroit y con Piston Group se convirtió en proveedor clave de la industria automotriz de Estados Unidos. Sus ingresos como deportista fueron de US$6 a US$8 millones, aunque el valor actual de su conglomerado se mide en varios miles de millones.
El exboxeador George Foreman es otra demostración. En el ring ganó cerca de US$15 millones, cifra modesta para un campeón mundial, pero el punto de quiebre fue la licencia de las parrillas eléctricas que llevaron su nombre. El producto vendió más de 100 millones de unidades y lo llevó a un patrimonio cercano a US$300 millones, haciendo que su riqueza no naciera del boxeo, sino del consumo masivo.
Roger Staubach, exmariscal de la NFL, es quizá el caso más simbólico. En los setenta los jugadores no tenían los salarios actuales y él recibió menos de US$1 millón en toda su carrera. Fundó una empresa inmobiliaria enfocada en oficinas corporativas que décadas después fue vendida por más de US$600 millones, negocio que valió cientos de veces más que sus cheques como deportista.

En la Fórmula 1 aparece Eddie Jordan. Como piloto tuvo ingresos discretos, pero al crear el equipo Jordan GP y luego venderlo, ingresó al circuito del marketing y los derechos deportivos. Su patrimonio se estima en cientos de millones, construido casi en su totalidad fuera del volante.
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Si se suman las ganancias deportivas de estos nueve atletas, el total no llega a US$130 millones. Sin embargo, el valor conjunto de sus empresas y patrimonios supera los US$25.000 millones. La relación es de casi 200 a 1 y ningún contrato deportivo, por alto que sea, deja tanta plata.




