La Dimayor expresó su preocupación por la decisión de la Administración Municipal de Rionegro de declarar no disponible el estadio Alberto Grisales para la temporada 2026 del fútbol colombiano. La comunicación oficial se hizo el 30 de diciembre, cuando el calendario del campeonato ya había sido sorteado y estructurado, lo que afecta la planeación del torneo, los desplazamientos y la organización logística del campeonato, así como la estabilidad del club Águilas Doradas.
Según la Dimayor, la medida genera incertidumbre deportiva, operativa y financiera, porque obliga a definir una nueva sede con el torneo ya planificado. El ente rector recordó que el escenario ya había presentado dificultades en años recientes. En 2025, la tribuna occidental fue cerrada, lo que generó una caída considerable en los ingresos por taquilla, afectando de manera directa las finanzas del club.
A esto se suma que, en el segundo semestre de 2024, Águilas Doradas tuvo que trasladar su localía a Sincelejo para permitir la ejecución de obras en el estadio, proyectos que finalmente no se materializaron, pese a los costos que el club asumió en traslados, logística y operación. Aun en ese escenario, la Dimayor destacó que el equipo cumplió con la competencia y mantuvo sus programas institucionales y sociales.
Hoy, la declaración de no disponibilidad del estadio vuelve a poner sobre la mesa el riesgo económico para el club, la afectación a la Liga BetPlay y el impacto sobre el negocio del fútbol profesional colombiano, que depende de ingresos por boletería, taquilla, publicidad, televisión y asistencia.

Cierre del estadio de Rionegro: Efectos directos para Águilas Doradas y la Liga
La decisión obliga a Águilas Doradas a buscar una sede alterna para el 2026. Aunque no hay una definición oficial, el club evalúa opciones en otros municipios de Antioquia o la posibilidad de repetir sedes temporales como Sincelejo. Este cambio implica costos adicionales en transporte, operación, arriendos de estadio, seguridad, logística y adecuación técnica.
Además, impacta la organización de la Liga, porque modifica viajes de los equipos rivales, afecta las operaciones de transmisión de televisión y altera la proyección de ingresos del club, especialmente por boletería y asistencia. La Dimayor recordó que decisiones de cierre de escenarios deben adoptarse con planeación, coordinación institucional y previsión.
El caso del Alberto Grisales se suma a otros episodios en Colombia donde la disponibilidad de estadios ha trastornado la competencia, como ocurrió en Medellín con cierres temporales o en ciudades donde los escenarios deben ajustarse a eventos paralelos. Lo llamativo del caso es que la notificación llegó después del sorteo del calendario, lo que hace más compleja cualquier solución porque obliga a modificar una estructura que ya estaba operativa.

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Para la Dimayor, citada en su comunicado oficial, “el fútbol profesional requiere seguridad jurídica, escenarios estables y decisiones coordinadas”. Mientras Águilas Doradas prepara su pronunciamiento, la discusión ya no es solo deportiva. También es económica y administrativa, porque el cierre de un estadio no solo deja a un equipo sin sede, también afecta el desarrollo de una industria que necesita planificación para sostener su operación.




