En Venezuela hoy los hechos pesan más que las palabras. El país pasó del aislamiento y la oscuridad en materia económica, a un proceso de apertura hacia el hemisferio occidental con acciones concretas por parte del gobierno, respaldadas por la Asamblea Nacional y por el sector privado que se han reflejado en más inversiones en el sector petrolero y la llegada de dólares al sistema financiero local y por esta vía al resto de la economía.
La estrategia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en estos dos meses ha mostrado una concentración clara en el eje económico-energético, dejando el debate de transición política para una fase posterior sin cronograma definido. Desde enero de 2026, por Caracas han pasado el secretario de Energía, Chris Wright; el secretario del Interior, Doug Burgum; el jefe del Comando Sur, General Francis L. Donovan; el director de la CIA, John Ratcliffe; se designó una Encargada de Negocios para Venezuela; Laura Dogu; y se anunció de restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países.
“Las primeras decisiones apuntan a levantar la producción petrolera venezolana bajo un esquema de control regulado por EE.UU., combinando actores con permisos especiales, control sobre el flujo de recursos y una intermediación institucional interna que permita sostener el orden económico”, afirmó a Valora Analitik Luis Vicente León, presidente de Datanálisis, firma especializada estudios económicos y de opinión.
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Y agregó: “En ese marco destacan dos elementos: la modificación de la Ley de Hidrocarburos para formalizar mayor participación privada y el desarrollo de una nueva arquitectura de licencias que flexibiliza —de manera controlada— producción y comercialización hacia el hemisferio occidental, con preferencia hacia el mercado estadounidense”.

Otro hecho destacado que permite ver el vaso medio lleno ha sido la disminución de las sanciones económicas y financieras impuestas por la Office of Foreign Assets Control (OFAC o Lista Clinton) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, permitiéndoles a diversos actores regresar a Venezuela.
Esta determinación de construir un desarrollo económico basado en la energía, que estratégicamente es una ventaja comparativa, y hacerlo de la mano de aliados como Estados Unidos y Europa, para impulsar la reactivación económica y social del país ha sido bien recibida, al punto de mantener la calma social, militar y política.
“Lo más importante ahorita es entender si el cambio tiene una base sólida o frágil, y hacia donde todo está apuntando es más hacia la solidez que hacia la fragilidad. Porque todo se está haciendo con un conjunto de iniciativas de orden económico que se acompañan con refuerzos legislativos, con leyes y acuerdos. Entonces, no son cosas escondidas como las teníamos antes con otros aliados internacionales”, explicó Iván Acosta, socio-fundador de la consultora PGA Group y presidente del Comité de Recursos Humanos de la Cámara Venezolano-Americana de Comercio e Industria (VenAmCham).
El impacto de estos cambios no es menor. Estimaciones de economistas apuntan a un coletazo positivo de alrededor de 13 % adicional en el PIB y de 17 % en el consumo. El crecimiento económico y el comportamiento del consumidor serán uno de los temas centrales del Foro Virtual ‘Inside Venezuela’ este 11 de marzo
Vaso medio vacío
Ahora bien, hechos y anuncios como el del secretario de los Estados Unidos, Doug Burgum, quien dijo que más de 20 grandes empresas de su país están listas para invertir en Venezuela, todavía no se sienten en los bolsillos de los venezolanos, por lo que el optimismo y las expectativas han comenzado a moderarse.
“En estos dos meses, las condiciones macroeconómicas no han cambiado mucho. La inflación sigue creciendo a gran velocidad, el tipo de cambio oficial ha crecido 40 % en lo corrido del año, eso es demasiado. Y, bueno, efectivamente, el poder de compra, el salario del venezolano, sin entrar en detalle de cuánto recibe, sigue siendo el mismo e insuficiente para una canasta alimentaria que está alrededor de los US$560”, explicó a este medio Aaron Olmos, economista y docente del IESA, la principal escuela de negocios en Venezuela.
El experto también dijo que los empresarios “están monitoreando constantemente su flujo de caja y tratando de asegurar divisas por la vía que puedan; se sigue utilizando mucho el USDT, que es este criptoactivo estable uno a uno con el dólar”. Sin embargo, reconoció que persisten distorsiones monetarias y cambiarias.
Iván Acosta, socio-fundador de la consultora PGA Group, lo explica de la siguiente forma: “En el mercado negro el dólar está en 600 bolívares mientras que el oficial está en 400, pero las subastas, que es todo el dinero que está entrando digamos vía petrolera, está en 550. Entonces, fíjate, los negocios están colocando sus productos a un valor más cercano al negro que obviamente al oficial. Por lo tanto, tú necesitas más bolívares para pagar cosas tan sencillas como agua, café o té. Hay una discrepancia entre cómo se está manejando la economía en términos reales y en términos oficiales. Y el más afectado es la persona de a pie”.

Sumado a lo anterior, el mercado está viendo una mayor transparencia con la ‘nueva Venezuela’. De hecho, por primera vez en más de un año, el Banco Central de Venezuela publicó el dato de inflación. Según el organismo, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) en los dos primeros meses de 2026 subió 51,94 %, mientras que el aumento anualizado de los precios en 2025 fue de 475,28 %, presionado significativamente por la brecha entre el tipo de cambio oficial y la paralela.
Oportunidades para Venezuela
La apuesta de Estados Unidos es que la reactivación del sector petrolero, minero y energético irrigue dólares a la economía venezolana, lo cual conllevará a una apreciación real del tipo de cambio, fenómeno típico que ya ha vivido Venezuela en sus bonanzas petroleras. Esto estimula importaciones y en áreas como minería, gas y algunos segmentos siderúrgicos pueden surgir oportunidades de insertarse en cadenas de valor para los empresarios colombianos.
Los expertos coinciden en que las oportunidades principales para 2026 se concentran en energía (petróleo y electricidad); minería, servicios asociados, y alimentos y agroindustria. Dado que alimentos representan más del 60 % del gasto familiar, el efecto inmediato se sentirá allí, abriendo oportunidades claras para exportadores colombianos.
“Para Colombia existe una ventaja estructural: proximidad geográfica, conocimiento del mercado y capacidad ociosa instalada. En el pasado el comercio bilateral alcanzó dimensiones significativas. Con mayor disponibilidad de divisas y apertura regulatoria, esa ventaja vuelve a ser relevante”, indicó Luis Vicente León, quien también habló de las inquietudes que tienen los empresarios sobre el tema cambiario y financiero.
En ese sentido, añadió: “Si en condiciones mucho más restrictivas ya existían mecanismos financieros funcionales, luce poco probable que en un entorno de apertura el problema de pagos sea insuperable. La diferencia la marcarán empresas con capacidad de estructuración formal y cumplimiento riguroso de ‘compliance’”.
En lo anterior coincide, el abogado José Vicente Zapata, socio en Holland & Knight, quien sostiene que “para los empresarios que vienen mirando estas interesantes opciones, resultará esencial contar con un acompañamiento legal riguroso, que incluya los aspectos regulatorios locales, los temas de ‘compliance’ y de OFAC, la verificación de sus operaciones con los Estados Unidos en el contexto de sus gestiones en Venezuela y de manera muy particular, el análisis detallado estratégico de los riesgos y las formas de mitigación de los mismos ante nuevos cambios”.
Para identificar los sectores que ya se están activando y los de mayor potencial con casos empresariales concretos, puede conectarse al Foro Virtual ‘Inside Venezuela’ el 11 de marzo que realizará Valora Analitik.
Próximos pasos
Monitorear las acciones y anuncios de los próximos meses es clave para medir la velocidad y consistencia de la reactivación en Venezuela. El optimismo sigue siendo el predominante, pero hay que tener los pies en la tierra.
“Cualquier empresario debe ver Venezuela con unos lentes de certeza y prudencia. No moverse en función de rumores, sino en función de información que certifique y valide que efectivamente eso que quiere hacer lo pueda lograr. A veces se puede pecar de imprudente al tratar de estar antes de validarlo”, advirtió Aaron Olmos, economista y docente del IESA.
También dijo que con Venezuela está pasando que hay una postura “exageradamente positiva” de que todo se va a lograr, todo va a ocurrir. Y lo cierto, es que hay muchas cosas que todavía no están claras. “Entonces, cualquier proceso de reactivación industrial, económica, empresarial, pasa por seguridad jurídica. Y mucho de eso todavía no está resuelto”, acotó.
A nivel económico, las miradas seguirán centradas por un lado en el flujo de divisas para reducir la brecha cambiaria y aliviar la inflación; y por otro lado en el aumento del salario, las pensiones y subsidios puntuales para impulsar el consumo y dinamizar la economía. “Para los próximos 60 días hay que monitorear el consumo. O sea, hay que empezar a ver si el consumo interno y la demanda agregada tanto del Estado como de los privados empieza a mejorar, cosa que creo que es muy importante. Número dos, la seguridad. Una de las cosas que en Venezuela ha sido muy positiva en los últimos años es que la seguridad ha mejorado muchísimo, y hay que monitorear que todo este movimiento económico también atraiga a bandas delincuenciales. Y número tres, el tema cambiario. Este es un tema muy importante porque si eso no se soluciona, vas a vivir en dos mundos, el mundo de la formalidad, de la oficialidad, pero te mantienes en un mundo negro que complica incluso las transacciones, la definición de precios, e incluso el pago de las personas”, puntualizó Iván Acosta, presidente del Comité de Recursos Humanos de la Cámara Venezolano-Americana de Comercio e Industria (VenAmCham).




