El panorama económico global se enfrenta a una encrucijada crítica este año, marcada por las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y una revolución tecnológica sin precedentes.
Según proyecciones de Fitch Ratings, el conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán ha desencadenado una crisis energética que amenaza con frenar el crecimiento mundial, aunque un inesperado impulso en el sector de la inteligencia artificial (IA) está sirviendo como amortiguador para evitar un colapso mayor.
El cierre del Estrecho de Ormuz, que ya se ha prolongado por 14 semanas, es el epicentro de la perturbación actual. Esta interrupción en el flujo de crudo ha llevado a revisar al alza la previsión del precio medio del petróleo Brent para 2026, situándolo en US$87 por barril, frente a los US$70 proyectados inicialmente.

El aumento en los costos energéticos, que ayer se dispararon tras el cierre total del estrecho, ha provocado un repunte generalizado en la inflación. Las previsiones para finales de 2026 se han ajustado al alza: en Estados Unidos la inflación alcanzaría el 3,7 %, mientras que en la eurozona llegaría al 3,1 %.
Además, la escalada de precios está teniendo consecuencias directas sobre los ciudadanos y los mercados financieros.
Por un lado, el aumento de la inflación está comprimiendo los salarios reales, lo que reduce el poder adquisitivo de los hogares y frena el consumo privado. El gasto discrecional se ve especialmente afectado a medida que los costos de energía doméstica absorben una mayor parte del presupuesto familiar.
Por otro lado, ante el temor de que este choque de precios genere efectos de «segunda ronda» más persistentes, los bancos centrales han endurecido su postura. Se espera que la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra mantengan las tasas estables este año, posponiendo cualquier recorte hasta 2027. Por su parte, el Banco Central Europeo (BCE) ha señalado un incremento de 25 puntos básicos en junio.

El fantasma de la estanflación global
Las proyecciones de Fitch incluyen un escenario adverso preocupante en caso de que el Estrecho de Ormuz permanezca cerrado hasta finales de año. En este supuesto, el petróleo podría promediar los US$100 por barril, provocando una caída del 10 % en los mercados de valores y un endurecimiento de las condiciones crediticias.
Bajo estas condiciones, el crecimiento de Estados Unidos podría desplomarse al 0,8 % y el de la eurozona al 0,3 % en los próximos 12 meses. Esta combinación de estancamiento económico y alta inflación empujaría a la economía mundial peligrosamente hacia un estado de estanflación.

A pesar de los riesgos, el impacto negativo del petróleo está siendo parcialmente compensado por un auge tecnológico vinculado a la IA. La inversión masiva en infraestructura de tecnologías de la información (TI) ha disparado la demanda de semiconductores, cuyas ventas globales alcanzaron cerca de US$100.000 millones en el primer trimestre de 2026.
Este dinamismo está beneficiando principalmente a las economías de Asia, como Corea, Taiwán y China, donde las exportaciones tecnológicas han mostrado una fuerza sorprendente, impulsando el comercio internacional por encima de las expectativas.
Brian Coulton, economista jefe de Fitch Ratings, destacó que este auge en el gasto global en TI está amortiguando el impacto sobre la actividad a corto plazo, permitiendo que el crecimiento mundial, aunque debilitado, se mantenga en un proyectado 2,4 % para 2026.
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