Los terremotos del 24 de junio de 2026 intensificaron el rechazo a la gestión de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez. El 65,4 % de los venezolanos desaprueba la respuesta del gobierno y de las autoridades frente a los sismos y apenas el 19,3 % la respalda, según la encuesta Latam Pulse Venezuela de la firma brasileña AtlasIntel para Bloomberg. Al calificar esa gestión, el 52,4 % la considera muy mala y otro 8,3 % mala.
Lo relevante no es solo cuánto rechazo hay, sino hacia dónde apunta: un desastre natural que en otros contextos suele reforzar transitoriamente a los gobiernos aquí terminó de erosionar a uno que ya venía en caída, y empujó a la población a buscar fuera del Estado a los actores en los que confía para reconstruir.
La desaprobación de Delcy Rodríguez llegó a 63,3 % en junio y su aprobación cayó a 24 %, el punto más bajo de la serie que mide AtlasIntel desde febrero cuando la desaprobación era de 44,3 % y la aprobación de 37 %.

El mayor salto se concentró entre mayo y junio, justo en torno a los sismos: en apenas dos meses la desaprobación subió casi 20 puntos. La evaluación general del gobierno acompaña esa lectura, con un 53,3 % que la considera mala o muy mala.
Con el gobierno ya debilitado, los terremotos tocaron a buena parte del país: el 12,7 % dice haber sido afectado de forma directa y otro 38,9 % tiene familiares o amigos damnificados. El impacto emocional es amplio: el 43,2 % afirma que el evento lo afectó y predominan la ansiedad (56,1 %) y el miedo (55,3 %).

Venezuela: Más confianza en el sector privado que en el gobierno
El hallazgo más revelador de la encuesta está en el mapa de confianza para gestionar la crisis y reconstruir. Los actores mejor valorados son los que operan al margen del aparato estatal: los médicos y el personal de salud concentran 88 % de confianza, los bomberos 76 % y, de particular interés para el sector empresarial, las empresas y el sector privado alcanzan 73 %. Las ONG y las entidades religiosas llegan a 60 % cada una.

En el extremo opuesto se ubican las instituciones del oficialismo. La confianza en el gobierno nacional queda partida en dos mitades idénticas, 43 % confía y 43 % no, pero las figuras del poder caen muy por debajo de esa línea:
La presidenta encargada Delcy Rodríguez registra 66 % de desconfianza, el Ejército 63 % y el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, 68 %. Entre los liderazgos, la opositora María Corina Machado es la única con saldo positivo (47 % confía, 33 % no).
La prioridad para reconstruir es la vivienda: el 70,7 % pide construir casas para los damnificados. Un 42,9 % pide, además, vigilar que los fondos para las zonas afectadas no se pierdan en corrupción o mal uso; es la tercera opción más votada.
La gente quiere reconstrucción y a la vez desconfía del manejo de los fondos por parte del Estado. Esa preocupación coincide con la percepción de riesgo: entre los peligros que los venezolanos proyectan para los próximos seis meses, las revelaciones de grandes fraudes o esquemas de corrupción son las que más ganan probabilidad, con un alza de 31 puntos porcentuales frente a la medición anterior.
El patrón se repite cuando la pregunta pasa a los actores internacionales, y ahí el mensaje geopolítico es difícil de ignorar. Los venezolanos confían para la reconstrucción, sobre todo, en el gobierno de Estados Unidos (75 %), las ONG internacionales (63 %), la Unión Europea (59 %) y el gobierno de Colombia (55 %).

En contraste, los aliados históricos del chavismo quedan en saldo negativo: Rusia, Irán y Cuba concentran más desconfianza que confianza, y China aparece dividida en partes iguales.
La orientación de la población, por tanto, corre en sentido inverso al de la política exterior del gobierno. Colombia forma parte de ese grupo de confianza, lo que deja espacio para la participación del empresariado y la cooperación colombiana en una eventual reconstrucción o apertura.
Riesgo de deterioro, no de ruptura
El rechazo al gobierno no significa que su caída sea inminente, y conviene separar dos cosas.
El Índice de Riesgo Político de AtlasIntel ubica a Venezuela en 45 puntos, por debajo de México y Perú (55): el riesgo que perciben los venezolanos se concentra en la criminalidad y la corrupción (58) y en el conflicto social (48), no en un colapso de las instituciones, cuyo indicador es bajo (30).
La proyección a seis meses apunta en el mismo sentido. Ganan probabilidad la corrupción y la inseguridad, mientras que los escenarios de quiebre la pierden: la destitución o renuncia del presidente cae nueve puntos porcentuales y el golpe de Estado, siete puntos.
Lo que la población anticipa es un país que se deteriora, más que uno donde el gobierno esté por caer de manera abrupta.
El 79 % califica de mala la situación económica del país y el 76 % la del mercado laboral, y el Índice de Confianza del Consumidor mantiene la evaluación del presente en terreno profundamente negativo (–51).
La intención de comprar bienes duraderos se dio vuelta entre febrero y junio: quienes pensaban gastar más pasaron de 57,7 % a 26,5 %, y los que piensan comprar menos subieron de 14,5 % a 38,1 %.
El resultado es una demanda que se contrae y un Estado en el que la población no confía para conducir la recuperación. Esa tarea queda en manos de actores ajenos al gobierno, como el sector privado, las ONG y socios externos entre los que figuran Estados Unidos y Colombia.




