El avance de los proyectos estratégicos de movilidad en Bogotá enfrenta un nuevo desafío tras la declaratoria desierta de la licitación para la ampliación del sistema férreo correspondiente a la Línea 2 del Metro. El anuncio, realizado por el alcalde Carlos Fernando Galán, encendió alertas en distintos sectores técnicos y políticos debido a la relevancia de esta obra para la expansión del transporte masivo en la capital.
Según explicó el mandatario distrital, el proceso licitatorio cerró sin recibir propuestas formales por parte de los consorcios que habían sido previamente habilitados. El plazo para la presentación de ofertas venció en la mañana del 20 de enero, sin que se concretara la radicación de documentos, lo que obligó a la administración a declarar desierto el procedimiento.
“Debemos informar que no se recibieron propuestas por parte de los consorcios que estaban habilitados para participar en el proceso”, señaló Galán al referirse a la situación. No obstante, el alcalde fue enfático en aclarar que este resultado no representa la cancelación del proyecto ni un abandono de los planes de expansión del Metro, sino un punto de revisión que exige ajustes técnicos y estratégicos.
La decisión generó reacciones inmediatas desde el Concejo de Bogotá. El concejal Rubén Torrado, del Partido de la U, solicitó la reactivación de la subcomisión de Vigilancia y Control, una instancia creada para hacer seguimiento técnico, financiero y administrativo a los proyectos del sistema metro. El objetivo, según explicó, es evitar nuevos aplazamientos y reforzar los mecanismos de transparencia y control institucional en las decisiones que se adopten de ahora en adelante.

¿Qué viene ahora para la segunda línea del Metro de Bogotá?
Tras la declaratoria desierta, la Empresa Metro de Bogotá (EMB) informó que el siguiente paso será la reapertura del proceso licitatorio, prevista para el mes de febrero. Esta nueva etapa incluiría una fase de divulgación más amplia, orientada a generar mayor interés entre potenciales proponentes y a corregir los factores que desincentivaron la presentación de ofertas en el proceso anterior.
De acuerdo con el cronograma preliminar, la adjudicación del contrato podría realizarse durante el primer trimestre de 2027, con una proyección de entrada en operación hacia el año 2035. Sin embargo, expertos advierten que el éxito de esta nueva convocatoria dependerá menos de los tiempos políticos y más de la calidad de los ajustes estructurales que se realicen.
Holman Benavides, investigador especializado en desarrollo de valor agregado en infraestructura férrea, explicó que la Línea 2 requiere una revisión integral de su estructuración. En diálogo con Valora Analitik, señaló que “el proyecto de la Línea 2 no necesita un simple ajuste de pliegos, sino una evaluación sensata que analice de forma integral tanto su estructuración como los factores que dieron origen a la falta de propuestas”.
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Para el experto, este proceso debe permitir convertir la Línea 2 en un activo ferroviario verdaderamente gestionable, incorporando lecciones aprendidas y mejorando la aplicación de estándares internacionales para metros subterráneos, así como los procesos de interconexión con la Línea 1 y sus futuras extensiones.
Benavides agregó que uno de los frentes críticos es la maduración real de la ingeniería ferroviaria. “No se trata únicamente de la obra civil pesada. Es necesario fortalecer el componente de market sounding técnico-financiero, no como un ejercicio formal, sino como un proceso estructurado con fabricantes, integradores de sistemas y fondos de infraestructura”, afirmó. Este enfoque permitiría validar si la configuración tecnológica, contractual y de cronograma resulta atractiva para el mercado internacional.

¿Tiene algún riesgo la Línea 2 del Metro de Bogotá si no se cumple la licitación en los tiempos determinados por la administración distrital?
Desde una perspectiva técnica y financiera, el incumplimiento de los tiempos previstos representa riesgos que van más allá del simple retraso del cronograma. Benavides subrayó que “un proyecto de esta envergadura no puede analizarse a partir de un solo riesgo, ya que el balance de riesgos es integral”.
No obstante, advirtió que el principal riesgo para la Línea 2 no radica únicamente en el desplazamiento de las fechas contractuales, sino en el deterioro de la bancabilidad técnica y financiera del proyecto ante el mercado internacional. “Cuando un proceso de esta magnitud se declara desierto, se envía una señal negativa a consorcios EPC, fabricantes de material rodante y financiadores multilaterales, quienes interpretan que el esquema de estructuración no logró balancear adecuadamente el riesgo constructivo, el retorno financiero y la estabilidad contractual”, explicó.
El componente subterráneo de la Línea 2 concentra riesgos técnicos de alta complejidad. Entre ellos se destacan los factores geotécnicos e hidrogeológicos, la interferencia con redes existentes, la gestión de excavaciones profundas, la estabilidad de los frentes de tunelización y el control de asentamientos. Según Benavides, estos elementos exigen un nivel de especialización elevado, lo que lleva a que los proponentes evalúen con mayor rigor la asignación de riesgos entre el sector público y el privado.
“Si estos factores no están correctamente parametrizados en la matriz de riesgos, el mercado responde elevando primas o absteniéndose de ofertar, como ocurrió en este caso”, puntualizó. Además, el incumplimiento de hitos clave afecta la credibilidad institucional del programa metro como portafolio, especialmente al compararse con el avance de la Línea 1, que hoy sirve como referente nacional en ejecución de obras civiles.

¿Qué impacto puede tener lo ocurrido con la Línea 2 sobre la Línea 3 del Metro de Bogotá?
Aunque la Línea 3 no se ve afectada de manera directa en términos contractuales, el episodio de la Línea 2 sí podría generar efectos colaterales. Desde la óptica de un portafolio de infraestructura ferroviaria, Benavides señaló que “los grandes jugadores internacionales no evalúan los proyectos de forma aislada, sino que analizan el comportamiento institucional del concedente, la estabilidad regulatoria y el historial reciente de los procesos licitatorios”.
En ese sentido, si la reformulación de la Línea 2 no logra corregir los factores estructurales que llevaron a la ausencia de ofertas, la Línea 3 podría enfrentar mayores exigencias técnicas y financieras. Entre ellas, mayores garantías, condiciones contractuales más estrictas y un incremento en los costos de capital.
Por el contrario, si la Empresa Metro de Bogotá logra reposicionar la Línea 2 como un proyecto técnicamente sólido y financieramente atractivo, ese aprendizaje institucional fortalecerá la credibilidad de la Línea 3. A esto se suma un desafío adicional: la capacidad institucional para gestionar de manera simultánea asuntos prediales, redes, licencias ambientales, gestión social y estructuración financiera, áreas que compiten por los mismos recursos técnicos especializados.
Finalmente, el experto advirtió que, si la Línea 2 entra en una fase intensiva de reestructuración, la administración distrital deberá fortalecer sus equipos y definir con claridad los alcances de cada proyecto. Solo así se evitarán cuellos de botella que puedan ralentizar el avance de la Línea 3 y comprometer el desarrollo integral del sistema metro en Bogotá.




