El panorama económico colombiano enfrenta un desafío estructural donde el potencial de crecimiento en el mediano plazo se sitúa en niveles históricamente bajos (alrededor del 3 %), debido, en gran medida, a una disminución en la formación de capital.
Por esto, en Colombia, la tasa de inversión actual resulta insuficiente para el nivel de desarrollo de la economía nacional, lo que impide generar la capacidad productiva necesaria para sustentar un crecimiento vigoroso y sostenible, según Juana Téllez, economista jefe del BBVA en Colombia.
Durante una entrevista realizada en el marco de la alianza informativa entre Renta4Global y Valora Analitik, la experta analizó las recientes cifras del Producto Interno Bruto (PIB) de 2025 y advirtió sobre las consecuencias de depender excesivamente del consumo mientras los sectores estratégicos de inversión muestran signos de debilidad profunda.
¿Cuáles fueron los factores principales que impulsaron el crecimiento del 2,6 % en 2025 y qué aspectos de las cifras finales generan mayor preocupación?
En el último trimestre, y un poco para hablar de la sorpresa, yo creo que no nos gustó que a la inversión le fue mal; tuvimos una desaceleración importante, sobre todo en lo que tiene que ver con construcción. Al agro también le fue mal; veníamos de niveles muy altos de crecimiento y en el último trimestre no funcionaron tan bien. Esa preocupación está ahí presente de todo esto que vemos que como que no arranca. Cuando hablamos del año completo es una combinación de consumo privado y público muy dinámico, inversión en maquinaria y equipo no tan mal y el resto de la inversión muy débil. Esos sectores estratégicos de los que hablamos se mostraron muy débiles. El crecimiento fue impulsado por el gasto, pero nos deja una preocupación latente sobre la falta de bases sólidas para el futuro.
¿Cómo afecta el bajo nivel de crecimiento actual al potencial de la economía colombiana en el mediano plazo según sus recientes recálculos?
Algo optimista es que sí nos estamos recuperando; venimos de niveles de menos del 1 %, después un cinco el año anterior y ahora estamos en 2,6 %. Pero efectivamente es un crecimiento bajo, no es suficiente para la economía colombiana y cuando hacemos los recálculos del potencial, o sea, lo que es capaz de crecer esta economía en el mediano plazo, vemos que no está muy alto y eso nos preocupa mucho. ¿Y por qué? Porque no estamos invirtiendo lo suficiente; a punta de consumo no creas capacidad de producción y eso te genera un problema que es el que estamos sufriendo en estas semanas y es que la inflación te persigue y no logras bajarla. Eso nos preocupa mucho porque el potencial se va quedando corto frente a lo que la sociedad demanda. Si no somos capaces de elevar esa capacidad de producir bienes y servicios, cualquier intento de acelerar la economía terminará chocando con precios más altos.
¿Qué implicaciones tiene para el país que la inversión haya caído a niveles cercanos al 14 % del PIB en comparación con datos históricos más altos?
Efectivamente, en nuestras épocas gloriosas tuvimos una inversión superior al 20 % del PIB; hoy estamos hablando de cerca del 14 % del PIB. Ese dato es muy bajito para el nivel de desarrollo de esta economía. Los países asiáticos llegaron al 30 % del PIB; eso no lo vamos a lograr pronto, pero sí necesitamos invertir mucho más. Hay una preocupación muy grande y es que los sectores estratégicos que nos gustaban y nos ayudaban a invertir, construcción de vivienda y obras civiles, no están creciendo lo suficiente. El sector petrolero y eléctrico tampoco puede invertir. Eso lo que te muestra es que la economía se va quedando chiquita, como que no tiene la capacidad. Al reducirse la inversión en sectores que son la columna vertebral de la productividad, estamos limitando seriamente nuestra competitividad.
¿Es riesgoso que el gasto público sea uno de los principales jaleadores de la economía en un contexto de alto déficit fiscal y aumento de la deuda?
Yo diría que en algunos momentos no es malo; cuando tú tienes las cuentas fiscales sanas y necesitas darle un impulso a la economía porque necesitas algo contracíclico, está bien. El problema es que estamos creciendo mucho con un aumento de la deuda pública muy fuerte y con un déficit fiscal muy grande; vamos a estar hablando de un déficit fiscal de 6,5 % o 7 % del PIB estos días y eso no es bueno porque estás creciendo un poco ‘al debe’ por ese crecimiento que está basado en gasto público. Yo no diría que siempre es malo, a veces ser contracíclico es lo necesario, pero aquí no necesitamos esto. Aquí lo que necesitamos es que el sector privado pueda tomar decisiones de inversión rápido y sustituir al sector público. Crecer ‘al debe’ significa que estamos hipotecando ingresos futuros para pagar el consumo de hoy. Necesitamos un equilibrio donde la inversión privada vuelva a ser el motor principal de la economía nacional.
¿Qué papel han jugado los gobiernos regionales en el actual proceso de crecimiento económico frente a la situación del Gobierno nacional?
Cuando tienes la economía tan reactivada y sobre todo tienes problemas fiscales, dices que no es por aquí; el sector público debe acompañar al sector privado. Una cosa buena que ha pasado es que los gobiernos departamentales y regionales han tratado de ayudar; ellos están creciendo bien y eso es una buena noticia, Medellín, Bogotá y Barranquilla están sustituyendo un poco y ayudando en este proceso. Este esfuerzo local es fundamental porque es en los territorios donde se ejecutan las obras que impactan directamente la calidad de vida y la competitividad local. Lo que estamos viendo es una especie de contrapeso donde las ciudades principales están haciendo un esfuerzo por mantener la dinámica de las obras públicas y el apoyo a las empresas, lo cual ha evitado que la desaceleración sea más profunda en diversas regiones del país.
¿Cómo se han ajustado las proyecciones de inflación y crecimiento tras el incremento del salario mínimo y los datos recientes del PIB?
Esto es como una carrera de varias velocidades, tienes que ir parando y tomando decisiones. En términos de inflación, el dato del 30 de diciembre fue muy importante; nos tocó recalcular expectativas de inflación para el 2026 y para el 2027, para los dos años subimos la proyección. Por el lado de tasas del Banco de la República, nos tocó cambiar también el escenario y el del Producto Interno Bruto (PIB). Lo que nos muestran esas cifras y el aumento de las tasas del Banco de la República, es que vamos a estar con un 2027 más débil. Vamos a tener este 2,6 % que acabamos de ver para el 2025, un 2026 que va a estar alrededor de ese número, pero el año entrante probablemente vamos a tener una desaceleración de la economía. Este ajuste refleja que el choque del salario mínimo fue más fuerte de lo previsto, presionando los costos al alza en un momento difícil.
¿En cuánto se situaron las expectativas de inflación y qué significa esto para el cumplimiento de las metas del Banco de la República?
Subimos en 200 puntos básicos; estábamos en 4,5 % y nos subimos a 6,5 %, que es más o menos lo que hizo el mercado; el Banco de la República la tiene en 6,3 %. Y para el año entrante la teníamos en 3,8 % y ahora la tenemos en 5 %; esto ya nos acumula muchos años de perder la meta de inflación. Es una situación preocupante porque la meta del 3 % se ve cada vez más lejana. Cuando una economía se acostumbra a vivir con inflaciones altas, se generan indexaciones en los contratos y en las expectativas salariales que hacen que bajar de ahí sea sumamente costoso. Estamos perdiendo el ancla inflacionaria que tanto nos costó construir en décadas pasadas. Esta persistencia de los precios altos erosiona el poder adquisitivo de los hogares y genera una incertidumbre que frena las decisiones de inversión de largo plazo para todos los sectores.
¿Qué riesgos identifica para la economía en este año de transición, considerando el proceso electoral y la necesidad de decisiones fiscales rápidas?
Además del salario mínimo tenemos que estar muy pendientes de la inflación; si hay algún sesgo a que esto sea más alto te va a generar muchos ruidos. Este proceso electoral siempre genera algo de incertidumbre y falta de confianza, como que se te mueve el piso. Ese movimiento del piso es un reto para la mitad del año que sigue y para un nuevo gobierno que llegue, que le toca tomar decisiones fiscales muy rápido. Yo soy optimista en que van a tomar y mandar decisiones fiscales muy importantes al principio del gobierno; que ese nuevo gobierno sea capaz de mostrarle a las calificadoras de riesgo el interés por tener un control fiscal nos va a ayudar mucho. Pero efectivamente hay mucha incertidumbre todavía y eso es lo que pasa con estos años de transición. Las empresas y los inversionistas necesitan señales claras de que las reglas de juego fiscales se van a respetar y que el país retomará una senda de responsabilidad.
¿Qué otros factores, además del salario mínimo, están presionando al alza la inflación, especialmente en sectores como energía y vivienda?
Sin hablar de salario mínimo, la inflación ya venía con sus males y se estaba quedando arriba. Efectivamente vemos que pesan los precios del gas, pues hubo un aumento muy fuerte el año pasado por las importaciones y eso no se va a solucionar en 2026, el gas va a volver a subir. En electricidad tenemos un efecto importante y los arriendos creemos que van a seguir generando ruido porque no estamos construyendo lo suficiente y tenemos una demanda muy importante en las ciudades grandes e intermedias. El problema habitacional es crítico porque al no haber oferta suficiente de vivienda nueva, el precio de los alquileres se dispara. Mientras estos sectores sigan estancados, la inflación tendrá un piso muy alto difícil de romper en el corto plazo.
¿Es sostenible o positivo que el crecimiento del PIB esté tan concentrado en el consumo de bienes durables en lugar de en la inversión en vivienda?
Yo diría es bueno si no tuviéramos el contrafactual de que estamos consumiendo mucho y se nos olvidó ahorrar e invertir. En durables, estamos comprando muchísimos carros, en semidurables, estamos comprando televisores y cosas para el hogar. Ese crecimiento del consumo está bien, pero está haciéndose a costa de la inversión. Un tema que nos preocupa muchísimo es que las familias están consumiendo y no han comprado vivienda; sabemos que hay un déficit importante. Entonces esa plata que yo estaría usando para mi cuota hipotecaria la estoy haciendo en consumo; en ese sentido no es ideal. ¿De dónde viene ese consumo? El desempleo está en mínimos históricos, los salarios reales subieron, las remesas ayudaron y el boom del café. Sin embargo, cambiar ladrillos por electrodomésticos no es la mejor estrategia de largo plazo para el patrimonio de las familias ni para la estabilidad de la economía nacional.
¿Cómo afecta el incumplimiento de la Regla Fiscal y el aumento en el costo del endeudamiento a los ciudadanos y a la inversión futura?
Eso es superimportante; nos estamos endeudando mucho y gastando más de lo que recibimos en el gobierno central. Tenemos suspendida la Regla Fiscal y volver a ella no va a ser fácil porque los déficits son muy altos. El otro tema clave es que no hay interés en disminuir el gasto público, que sigue siendo muy alto y no es en inversión. Si ese gasto estuviera dedicado a construir infraestructura o escuelas estaríamos mucho más tranquilos; pero es un gasto de consumo normal del gobierno que no aumenta el potencial. Ese desequilibrio sube el costo del endeudamiento; si comparas las tasas de hoy contra las de hace cinco años, es un aumento muy importante que afecta a la población porque les cuesta más endeudarse y pagan primas de riesgo más altas. El crédito hipotecario está muy atado a los títulos de deuda pública; si esas tasas suben, el crédito hipotecario va a estar más alto y seguiremos con el déficit de vivienda.
¿Es el bajo potencial de crecimiento un problema coyuntural derivado de la pandemia o estamos ante una tendencia de largo plazo más preocupante?
Es un problema de largo plazo; la pandemia nos hizo daño. Antes de la pandemia el potencial de Colombia debía ser superior al 3 %, tal vez 3,2 % o 3,5 %. La pandemia y las decisiones de disminución de la inversión hacen que estemos hablando de un potencial por debajo del 3 %, muy cerca del 2,8 %. Entonces la capacidad de la economía ha caído; es un tema de mediano plazo. Esto lo que te hace es que cuando miras en un horizonte a 10 años dices: ¿cuál va a ser el potencial si no cambiamos las cosas? Pues va a seguir cayendo. Sí necesitamos cambiar porque la informalidad y la pobreza siguen siendo altas y lo único que genera crecimiento social es tener un potencial para crecer sin inflación. Recuperar ese potencial requiere necesariamente un choque de inversión privada y pública de calidad que hoy no estamos viendo, corrigiendo el rumbo de una economía que marcha a media marcha.
¿Qué lectura le da al elevado nivel de deuda pública en Colombia en comparación con otros países y sectores estratégicos que muestran cifras negativas?
Para un país como Colombia es malo. Somos un país en desarrollo que tiene buenas credenciales de pago y eso ayuda, pero tener una deuda alta es muy difícil porque pagamos muchos intereses y eso se lleva la inversión que deberíamos hacer en otro sitio. No es una buena cifra; los países desarrollados se pueden dar esos lujos diferentes, pero ese lujo no se lo puede dar Colombia. Cuando vemos que sectores como construcción e hidrocarburos caen, entendemos que los motores que generan ingresos se están apagando. La deuda en el 60 % del PIB para una economía con nuestras debilidades es una carga pesadísima que limita el presupuesto nacional. Cada peso para intereses es un peso menos para inversión en tecnología o educación. Estamos en un punto donde la disciplina fiscal es una necesidad de supervivencia económica para mantener el acceso a los mercados.
¿A qué se debe la sorpresiva caída del dólar por debajo de los $3.700 a inicios de año y qué podemos esperar en términos de volatilidad?
El tema internacional sigue siendo muy fuerte por la debilidad del dólar; eso lo vamos a poder controlar menos y va a seguir así. Tenemos mucha volatilidad y eso sorprende cuando entran o salen flujos del Gobierno o por una inversión grande. Este mercado sigue siendo pequeño en términos de dólares, entonces cualquier movimiento lo mueve mucho y por eso es tan difícil de prever. No tenemos un escenario donde el dólar se ubique por debajo de $3.000, lo tenemos alrededor de $3.700 este año y $3.800 el año entrante, con mucha volatilidad y con picos en los momentos electorales. Pero tampoco estamos viendo que toque nuevamente los $5.000 que vimos hace unos años. Lo que más nos debe ocupar no es el nivel puntual, sino la volatilidad que impide que las empresas tengan certezas para sus planes de producción e importación de maquinaria.
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