El baloncesto profesional atraviesa un momento de cambios estructurales que pueden redefinir el negocio global del deporte. Mientras la NBA analiza la creación de una liga europea en alianza con FIBA, otro proyecto paralelo, conocido como Project B, avanza con el objetivo de lanzar una competición internacional que competiría directamente por talento, audiencias y patrocinadores.
Según reveló The Athletic, el empresario Maverick Carter, socio histórico de LeBron James, ha participado como asesor en esta iniciativa que contempla una liga masculina y otra femenina con sedes en siete ciudades distribuidas entre Asia, Europa y Sudamérica. El lanzamiento está previsto para el otoño, aunque aún no se ha confirmado si será en 2026 o 2027.
El contexto económico explica la magnitud de la amenaza. La NBA generó más de US$10.000 millones en ingresos en la última temporada, mientras que la Euroliga continúa expandiendo su modelo de franquicias y derechos televisivos. En paralelo, el baloncesto femenino vive un crecimiento acelerado en audiencia y patrocinio, lo que ha abierto oportunidades para nuevos inversores y competiciones alternativas.
El interés de figuras empresariales y deportistas en crear ligas paralelas no es nuevo, pero en este caso coincide con una etapa de expansión global del baloncesto. La posible coexistencia de una NBA Europa y de una liga privada internacional podría fragmentar calendarios, contratos y derechos comerciales en un deporte que hasta ahora ha mantenido estructuras relativamente estables.

Project B apunta al talento femenino y a mercados emergentes
Aunque el proyecto aún no ha anunciado fichajes masculinos de alto perfil, sí ha asegurado nombres relevantes del baloncesto femenino. Entre las jugadoras vinculadas se encuentran Alyssa Thomas, Jonquel Jones y Nneka Ogwumike, todas All-Stars y campeonas de la WNBA en los últimos años. También figuran Sophie Cunningham y Jewell Loyd, jugadoras en plenitud competitiva.
El impacto potencial es mayor si se observan los salarios actuales de la WNBA. En 2025, el sueldo promedio de la liga ronda los US$102.000 y el máximo apenas supera los US$249.000 por temporada, cifras muy por debajo de otros deportes profesionales en Estados Unidos. Datos de Spotrac muestran que Thomas y Jones perciben contratos cercanos a los US$215.000 anuales, lo que facilita que nuevas ligas puedan atraerlas con ofertas superiores.
Esta diferencia económica recuerda a lo ocurrido en el fútbol con la irrupción de la MLS o la reciente inversión saudí, que logró fichar estrellas ofreciendo contratos muy por encima de los estándares del mercado. Project B podría replicar esa estrategia, pero en una fase más temprana del crecimiento del baloncesto femenino.
La expansión global del baloncesto intensifica la competencia entre ligas
La iniciativa privada coincide con los planes oficiales de la NBA de crear una competición europea con hasta 16 equipos, lo que evidenciaría una disputa directa por el control del mercado internacional. La liga estadounidense ya organiza partidos de temporada regular fuera de su país y ha incrementado sus academias y programas de desarrollo en África, Asia y Latinoamérica.
Sudamérica aparece como uno de los territorios clave para Project B. La región cuenta con tradición en el deporte, pero carece de una liga con impacto comercial. Ciudades como São Paulo o Buenos Aires han sido mencionadas en planes previos de expansión del baloncesto profesional y podrían convertirse en sedes estratégicas por su base de aficionados y costos operativos más bajos.

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Si Project B logra concretarse en los próximos dos años, el baloncesto podría entrar en una etapa similar a la que vivió el golf con la irrupción del LIV Tour: múltiples circuitos compitiendo por las mismas estrellas y audiencias. La diferencia es que, en este caso, el impacto sería global y simultáneo en las ramas masculina y femenina.




