El estadio El Campín volvió a ser noticia por el mal estado de su cancha. Las lluvias recientes dejaron charcos, desniveles y zonas sin tracción que obligaron a suspender partidos de la Liga BetPlay. La situación afectó directamente a Millonarios y Santa Fe, los dos clubes capitalinos que son locales en el escenario, y reactivó el debate sobre la dependencia de Bogotá de un solo estadio para los equipos históricos.
El Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD) calificó el estado de la grama como inaceptable y anunció revisiones técnicas al concesionario Sencia, operador del estadio bajo un contrato de Asociación Público-Privada. El IDRD señaló fallas en el drenaje y en el proceso de recuperación del césped, especialmente en periodos de alta carga de eventos y condiciones climáticas adversas.
Sencia, por su parte, reconoció que la cancha no se encuentra en condiciones óptimas y explicó que se adelanta un proceso de transición a grama híbrida, con una combinación de césped natural y fibras sintéticas, similar a la usada en estadios de Europa y Estados Unidos. El operador aseguró que el deterioro se aceleró por el uso intensivo del escenario, que no solo alberga fútbol profesional, sino conciertos y eventos culturales.
El Campín, inaugurado en 1938, tiene una capacidad cercana a 40.000 espectadores y es el principal activo deportivo del Distrito. Sin embargo, la concentración de partidos y espectáculos ha puesto en evidencia los límites del modelo actual y ha abierto una pregunta clave: ¿por qué los equipos de Bogotá no pueden tener su propio estadio?

El POT de Bogotá y la imposibilidad legal de construir estadios privados
El periodista Alejandro Pino Calad ha explicado que el principal obstáculo para que los clubes bogotanos construyan estadios propios es el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) vigente, aprobado durante la administración de la exalcaldesa Claudia López. Según Calad, el POT no contempla suelo habilitado dentro de Bogotá para la construcción de estadios de gran escala por parte de privados.
El POT es la norma que define el uso del suelo en la ciudad y determina qué tipo de infraestructura puede construirse en cada zona. En su versión actual, prioriza la protección ambiental, la densificación urbana y la localización de grandes equipamientos deportivos como infraestructura pública, lo que hace inviable, desde el punto de vista legal, que un club privado levante un estadio dentro del perímetro urbano sin una modificación normativa.
Modificar el POT no es un trámite menor. Implica debates técnicos, aprobación del Concejo de Bogotá y procesos de participación ciudadana que pueden tardar años. Mientras tanto, los clubes capitalinos no tienen margen legal para desarrollar proyectos propios dentro de la ciudad.
Pino Calad también ha señalado que esta configuración favorece el modelo de concesión vigente. Al no existir competencia directa, El Campín se mantiene como el único escenario viable para el fútbol profesional en Bogotá, administrado por un operador privado bajo contrato con el Distrito. En términos económicos, esto limita las alternativas de los clubes y refuerza su dependencia de un solo activo.

¿Tiene sentido económico construir un estadio fuera de Bogotá?
Ante las restricciones del POT, surge otra opción: construir un estadio fuera de la ciudad, como ocurre con el Deportivo Cali. El club vallecaucano juega en un escenario propio ubicado en el municipio de Palmira, por fuera del casco urbano de Cali, lo que le permitió sortear restricciones de uso del suelo.
Sin embargo, tener estadio propio no garantiza estabilidad financiera. El estadio del Deportivo Cali representó una inversión que, ajustada a precios actuales, supera varios cientos de miles de millones de pesos. A eso se suman costos permanentes de mantenimiento, operación, seguridad, servicios públicos y renovación de infraestructura.
Además, se estima que el mantenimiento anual de un estadio de este tipo puede superar los US$10 millones, dependiendo del tamaño y la tecnología del escenario. Esto incluye el cuidado de la cancha, el personal operativo, los sistemas eléctricos y las adecuaciones exigidas por la Dimayor y la FIFA.

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Millonarios, por ejemplo, ha explorado en el pasado la posibilidad de construir un estadio propio fuera de Bogotá. Los estudios preliminares hablaban de inversiones cercanas a $800.000 millones, incluyendo desarrollos comerciales para hacer viable el proyecto. Hasta ahora, ninguna iniciativa ha superado la fase de planeación.




