Mientras que Colombia celebra hitos históricos en 2025, como la reducción de la pobreza multidimensional a un solo dígito (9,9%) y un aumento significativo en el acceso a internet y educación superior, el sistema de salud se ha convertido en la nota discordante
Según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida del DANE, a pesar de que la afiliación al sistema alcanzó un máximo del 97,2 %, la experiencia real de los ciudadanos dentro del servicio muestra un deterioro profundo y alarmante.
Los datos revelan que la percepción de una calidad «buena o muy buena» en las EPS cayó al 81,9 %, el nivel más bajo registrado en los últimos años.

Más preocupante aún es la caída en el uso efectivo del sistema: entre quienes manifestaron tener un problema de salud, el porcentaje que acudió a su entidad de afiliación se desplomó del 63,3 % en 2024 al 56,8 % en 2025.
La entrega de medicamentos es uno de los puntos más críticos. Según la encuesta, solo el 53,1 % de los pacientes recibió la totalidad de sus medicinas por cuenta de su EPS, una caída de casi 12 puntos porcentuales frente al año anterior.
“Los hogares más vulnerables tienen menos capacidad de asumir estos costos y cuando se presentan fallas en el acceso a servicios o en la entrega de medicamentos, el gasto de bolsillo deja de ser una opción y se convierte en una carta obligada para los pacientes”, dijo Ignacio Gaitán, presidente de Asociación de Laboratorios Farmacéuticos de Investigación y Desarrollo (Afidro).
Hogares gastan cada vez más en salud
Un informe de la consultora Algebra, basado en microdatos de la encuesta y cifras sectoriales, pone nombre a este fenómeno que traslada de la carga financiera del sistema directamente a las familias.
«El gasto de bolsillo se ha convertido en un ‘copago de facto’: un pago directo que emerge de fallas de acceso oportuno y continuidad», dijo Ricardo Valencia, CEO de la firma.
De acuerdo con los hallazgos de Algebra, entre 2022 y 2025, el gasto de bolsillo nacional aumentó un 57,3 %, lo que indica una pérdida severa de la protección financiera que históricamente caracterizaba al modelo colombiano.
Esta situación es particularmente grave para los más pobres, ya que el 60,3 % de las personas en el quintil 1 (el primer grupo de cinco en los que se dividió la población) reportaron que no recibieron sus medicamentos por falta de disponibilidad.

El informe de Algebra también destaca que la crisis tiene un carácter regresivo, golpeando con más fuerza a los hogares rurales, donde el gasto de bolsillo creció un 61,7 % entre 2022 y 2025.
“Esta brecha evidencia que la falta de disponibilidad de medicamentos golpea con mayor fuerza a quienes no tienen alternativas de sustitución», señaló Valencia.
Además, la demora en la asignación de citas sigue siendo el principal obstáculo para el acceso. Para los hogares del quintil 1, la oportunidad en las citas es el factor determinante de la mala calidad percibida, lo que ha provocado que muchos opten por la automedicación, la cual alcanzó su punto máximo en 2025 con un 18,03 % de la población en este grupo de ingresos.

Sin embargo, el balance presentado por la Presidencia de la República destaca que el país cuenta con más de 90.000 profesionales en medicina organizados en 10.900 equipos que recorren el país para llevar atención directa a alrededor de 9 millones de familias vulnerables en los 32 departamentos del país.
Incluso el viceministro de Salud, Jaime Urrego, señaló que este Gobierno ha hecho una de las mayores inversiones en el sector de las últimas décadas, con $13,98 billones desde agosto de 2022 para la constitución de equipos básicos de salud, infraestructura y dotación, fortalecimiento de servicios de saneamiento, disposición de vehículos de transporte asistencia, entre otros.
Un sistema bajo presión
La crisis no es solo de percepción. El año pasado, las quejas (PQRS) ante la Superintendencia de Salud superaron los 2 millones y las tutelas por servicios de salud crecieron un 78 % desde 2022.

De acuerdo con el boletín Así Vamos en Salud, las EPS cerraron 2025 con un patrimonio negativo de $16,86 billones, una siniestralidad del 109 % y pérdidas del ejercicio por $6,5 billones, lo que da cuenta de un gran deterioro.
Algebra concluye de manera contundente que el deterioro financiero del sistema, con una deuda acumulada de $32,9 billones, ha forzado a los usuarios a cubrir por su cuenta lo que el Estado ya no garantiza.
En resumen, aunque los colombianos tienen hoy mejores viviendas y mayor conectividad, el derecho fundamental a la salud está enfrentando una «crisis de acceso y oportunidad» que está empobreciendo a los hogares más vulnerables del país.




