Una reciente publicación del Blog del Banco de la República destaca que países con mayores índices de independencia de sus bancos centrales han tenido inflaciones más bajas.
El artículo, que se basa en un estudio histórico de 17 países latinoamericanos entre 1922 y 2021, refuerza la idea de que la autonomía institucional es clave para la estabilidad de precios y el poder adquisitivo de las monedas locales.
La investigación, recogida en el libro Ensayos de historia económica: Cien años del Banco de la República, explica que la independencia es necesaria porque los objetivos de los gobiernos y los bancos centrales suelen ir por vías distintas.
La publicación señala que mientras los gobiernos suelen preferir tasas de interés bajas que facilitan el crecimiento de la demanda y la financiación de su deuda con el fin de obtener resultados en el corto plazo, esto suele ocurrir «a costa de una inflación de precios más alta y un crecimiento de la economía más bajo en el largo plazo».
Por el contrario, argumenta que un banco central independiente se enfoca en una inflación baja y predecible que garantiza un mayor crecimiento posible en el largo plazo.
«Un ambiente de aumentos altos y volátiles de los precios dificulta las decisiones de las empresas sobre cuánto y en qué sectores de la economía invertir y producir, con el consiguiente impacto adverso en el crecimiento económico de largo plazo», advierte la entrada del blog.
¿Cómo se mide la independencia?
Para sustentar estas afirmaciones, los autores de la investigación utilizaron el Índice de Independencia del Banco Central (IBC). Este indicador evalúa el mandato legal del objetivo de política, la estructura de gobierno del emisor y su independencia formal, las facultades para controlar la política monetaria frente al Gobierno y las condiciones de financiación del gasto público por parte del banco central.

Según el indicador, un banco central es más robusto cuando tiene un mandato claro de estabilidad de precios y carece de la función de financiar el presupuesto del gobierno con emisión de dinero.
El estudio identificó tres eras críticas en la evolución económica de América Latina. Hasta 1945, por ejemplo, el uso del patrón oro permitió mantener una política monetaria independiente y una inflación baja.
Sin embargo, entre 1945 y 1990 esa independencia se redujo paulatinamente, lo que arrastró a varios países a niveles de inflación alta e incluso de hiperinflación, superando en algunos casos el 1000% anual.
El periodo de estabilización inició en 1990, cuando se registró un aumento sustancial en la autonomía de los bancos centrales, logrando reducir la inflación a niveles bajos y estables, con la única excepción del choque global tras la pandemia.
El Banco de la República reiteró que la independencia de estas instituciones está asociada de forma robusta a niveles bajos de inflación, lo cual debe considerarse un «elemento fundamental en el diseño de las instituciones de política económica del país».
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