El precio del oro inició la semana con un nuevo retroceso y tocó su nivel más bajo en más de dos meses, en medio de un reajuste de expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos y un entorno geopolítico que, aunque tenso, no ha sido suficiente para sostener la demanda del metal precioso.
El movimiento del mercado estuvo marcado por la reacción a los sólidos datos de empleo en Estados Unidos, que reforzaron la percepción de que la Reserva Federal podría mantener una postura restrictiva por más tiempo e incluso abrir la puerta a nuevas alzas de tasas antes de finalizar el año. Este escenario reduce el atractivo del oro, que no ofrece rendimiento frente a activos que sí generan intereses.
El precio internacional del oro se ubicó en US$4.313,99 por onza, lo que representa una caída de 0,4 % frente al cierre anterior. Con este comportamiento, el metal precioso tocó su nivel más bajo desde finales de marzo, en medio de un fortalecimiento de las expectativas sobre la política monetaria de Estados Unidos.
Por su parte, los contratos futuros del oro para entrega en agosto también registraban pérdidas y se negociaban en US$4.340,9 por onza. El mercado sigue ajustando sus previsiones luego de los recientes datos de empleo en EE. UU., que reforzaron la posibilidad de que la Reserva Federal mantenga una postura más restrictiva sobre las tasas de interés.

Tasas en Estados Unidos siguen marcando el rumbo del oro
De acuerdo con analistas de mercado, el comportamiento del metal responde principalmente al repunte en las expectativas de endurecimiento monetario en Estados Unidos, donde la probabilidad de un incremento de tasas hacia finales de año ha aumentado de forma significativa tras el último informe laboral. Este ajuste ha fortalecido al dólar y ha restado impulso a los activos refugio.
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Aunque el oro suele actuar como cobertura en escenarios de inflación o incertidumbre, la combinación entre tasas elevadas y un dólar más fuerte ha limitado su capacidad de recuperación. A esto se suma la volatilidad geopolítica en Medio Oriente, que si bien genera episodios puntuales de demanda, no ha logrado revertir la tendencia bajista dominante en el corto plazo.




