Entrevista | “El gobierno Petro no le puede echar gasolina al fuego de la inflación”

Ricardo Ávila, economista y analista senior de El Tiempo.

El panorama económico que se le viene al presidente electo de Colombia, Gustavo Petro, no es sencillo.

El nuevo mandatario deberá enfrentarse a una situación fiscal compleja, así como a mayores demandas de la sociedad y a una realidad internacional que no pasa por sus momentos más tranquilos.

En todo caso, Petro tiene un margen de maniobra en varios frentes, que le permitirían sacar adelante su programa y poner realmente las finanzas públicas en orden. Lea más Noticias Macroeconómicas.

A propósito de esto, Ricardo Ávila, economista y analista senior de El Tiempo, habló con Valora Analitik y dio una radiografía de los retos que se aproximan para Colombia y su nuevo jefe de Estado.

¿Cómo han reaccionado los mercados a la elección de Gustavo Petro en Colombia?

Por ahora, la reacción ha sido relativamente tranquila. Más allá de que el peso se ha devaluado y la bolsa ha caído, ha sucedido comparativamente en menor medida frente a lo que pasó en Perú y Chile en su oportunidad.

Parte de esa situación está relacionada con un tono mucho más conciliador e incluyente de Petro, en el sentido de que no va a impulsar una agenda de izquierda extrema, sino que se está moviendo hacia el centro.

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Eso lo reconocen los mercados, pero, de todas maneras, la sensación sigue siendo de expectativa.

¿Por qué se da esto?

Faltan los hechos. En primer lugar, falta la confirmación del nuevo ministro de Hacienda y, en segundo, faltan los detalles de sus políticas.

¿Qué traerá la nueva reforma tributaria?, ¿qué incluirá la de pensiones?, y ¿qué firmeza tienen los planes de sacar a Colombia del modelo extractivista y qué impactos tiene esto en medio de una coyuntura internacional muy compleja?

Tal vez la única preocupación es que esos tres elementos del discurso de Petro siguen siendo los mismos desde hace meses y el mundo de ahora es diferente al de hace meses.

Hay unos riesgos implícitos complejos, por un lado, porque Colombia tiene un problema de inflación mucho más claro y, por otro, por los precios de las materias primas.

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Para Colombia, esto debería generar una bonanza y se debería aprovechar. Si no se envían las señales correctas, esta bonanza nos va a pasar en frente y la vamos a desaprovechar.

Esos son los temas complejos en una economía que, en todo caso, creció muy bien en el primer semestre, pero que, todo indica, que se desacelerará en el segundo.

Entre otras, porque el Banco de la República está dispuesto a sacar la artillería para combatir la inflación y, adicionalmente, habrá una pausa en el consumo e inversión tras la subida tan fuerte en el primer semestre.

A propósito de inflación, ¿cómo quedaría Colombia con las políticas de Petro en materia de hidrocarburos y mayores aranceles?

Todo lo que impulse la tasa de cambio por cuenta de políticas gubernamentales equivale a clavarse un cuchillo, porque implica aumentar el costo de los bienes importados.

Obviamente, es legítimo desear que Colombia tenga una mayor autosuficiencia en producción de alimentos, pero eso no se consigue de la noche a la mañana.

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Todo lo que suba el costo de bienes importados, ya sea vía tasa de cambio o aranceles, se traduce en un posible aumento más que proporcional en las tasas de pobreza, porque las personas de menores ingresos le dedican mayor proporción de su ingreso a la compra de comida.

Y si la comida sube, evidentemente sería un retroceso significativo. El Gobierno tiene que entender que no le puede echar gasolina al fuego de la inflación por cuenta de errores de política, basados en temas de posturas que tienen más de ideología que de lógica económica.

¿Cómo ve el hecho de que asesores de Petro estén ajustando temas en el camino, como los impuestos a dividendos?

Esto muestra posiciones menos extremas, pero están mandando mensajes no son del todo concordantes.

Es cierto que Ricardo Bonilla dijo lo de los dividendos (no se incluiría obligación a repartirlos), pero Petro, en la entrevista que le dio a Cambio, volvió a tocar este tema, y no es clara cuál es la postura definitiva.

Y, finalmente, en el tema tributario, el diablo está en los detalles. Nos vamos a demorar unas semanas para conocer la propuesta, porque ellos mismos han reconocido que aún no está escrita y solo en ese momento será posible reaccionar.

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Este tema es clave, porque este es un gobierno que tiene una presión enorme de gasto y unas expectativas inmensas por parte de la población.

Por ende, tiene que reaccionar con relativa rapidez con programas de gasto, pero para eso necesita los ingresos. Si no, vamos a entrar en problemas.

¿Qué problemas podrían presentarse?

Si Colombia, que estaba disminuyendo el peso de la deuda y el déficit fiscal, toma malas decisiones bajo el nuevo gobierno, vamos a volver al mismo resultado.

Es decir, una tasa de cambio más alta, márgenes de riesgo más elevados en términos de deuda, e irónicamente menores espacios de gasto para el nuevo gobierno.

También está el riesgo de que comentan errores en el camino, como por ejemplo, que decreten un alza en el salario mínimo recién comenzado el gobierno.

Eso puede ser popular, pero se corre el riesgo de crear una espiral de precios y salarios que alimenta la inflación.

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Ojalá aprendamos de las lecciones de otros países, en el sentido de no seguir las malas decisiones, por ejemplo, de Argentina o Venezuela, y que se respete la independencia del Banco de la República, etc. Todos esos temas son clave.

¿Qué tan viable es aprobar una reforma tributaria de $50 billones o $75 billones?

Creo que vamos a terminar viendo una tributaria de un impacto efectivo mucho menor. En parte se están haciendo cuentas alegres y falta mucho refinamiento de las cifras.

Probablemente, veremos una tributaria que recaude entre uno y dos puntos adicionales del PIB (entre $10 billones y $20 billones), que igual no es una cosa pequeña.

Pero, una vez más, la pregunta es: ¿quién va a pagar la cuenta?, ¿dónde se van a centrar esos nuevos recaudos?

Lo que sí le garantizo es que, más allá de que haya apoyo en el Congreso para el gobierno Petro, eso no quiere decir que se le extiende un cheque en blanco.  El Congreso va a moderar muchas de las propuestas que lleguen.

¿Por qué cree eso?

Por tradición, el Congreso siempre lo ha hecho con todas las reformas tributarias. Y siempre habrá el temor de que, obviamente, algunas señales acaben espantando la inversión.

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Entonces, seguramente veremos una reforma tributaria importante en términos históricos, pero no de cinco puntos del PIB.

¿Qué visión tienen los empresarios ahora que Petro ha moderado su discurso?

Les ha parecido bien el hecho de que el nuevo gobierno no está enviando señales de radicalización, pero quieren ver lo que les ponen sobre la mesa.

Sí están preocupados y buena parte de las decisiones importantes están paradas, porque quieren conocer con exactitud el programa, pese a que los mensajes hayan sido tranquilizadores.

¿Qué les puede tranquilizar, qué salga rápido el nombre del ministro de Hacienda?

Eso y que el ministro diga: ‘Esto es lo que vamos a hacer’. Las expectativas toca irlas alimentando, es decir, que el ministro diga que sí se hará y qué no.

Todo el mundo reconoce que el sistema tributario en Colombia requiere más progresividad y que el esfuerzo es bastante bajo, pero también está la preocupación de que, en ciertos casos, el aumento en el esfuerzo tributario sea desmedido y los efectos que eso puede tener.

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El gobierno actual habla de que deja la casa ordenada, pero Carolina Soto, cercana al presidente electo, dice que se necesita un ajuste grande. ¿Qué opina de este tire y afloje?

Estoy de acuerdo con Carolina Soto. Obviamente, al gobierno se le mejoró la fotografía del balance fiscal, por cuenta de la rápida reactivación, pero el problema de fondo sigue ahí.

Si bien los altos precios del petróleo aplazaron la urgencia de una reforma tributaria, las finanzas públicas en Colombia están totalmente desbarajustadas. Y esa tarea hay que hacerla, pero se debe hacer bien.

Creo que vienen una serie de decisiones muy duras y complejas para el nuevo gobierno. Por ejemplo, ¿va a aumentar el precio de la gasolina como dice el Marco Fiscal?

Realmente la casa no queda en orden. Este año quedó un poco más arreglada, pero Colombia tiene un problema fiscal significativo y los mercados se dan cuenta.

¿Cómo se enmarca esta nueva realidad de Colombia en el marco de la geopolítica actual?

El escenario internacional es mucho más complejo. Todas las expectativas hablan de una recesión en el mundo desarrollado el próximo semestre, con tasas de interés al alza, que nos van a golpear y que implica un serio coletazo en los costos de endeudamiento.

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A la par, habrá una oportunidad clara para el país, por cuenta de los mayores precios de las materias primas, pero el peor escenario es quedarnos con el pecado y sin el género. Es decir, no aprovechar esa bonanza, pero sí asumir los mayores costos.

Ese sería el gran error. Colombia tiene que aprovechar la bonanza y el gobierno nuevo debería tranquilizar, en particular, a la industria extractiva y aprovechar esa ventana de oportunidad, que será de un par de años.

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