La primera vuelta presidencial dejó una de las contiendas más cerradas de los últimos años y abrió una nueva batalla política por conquistar los votos de quienes quedaron fuera de carrera. Abelardo de la Espriella terminó como el candidato más votado del país con 10,36 millones de sufragios, equivalentes al 43,74 % de la votación nacional, mientras que Iván Cepeda alcanzó 9,69 millones de votos, correspondientes al 40,90 %.
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Bajo ese panorama se realizará la segunda vuelta presidencial el próximo 21 de junio, una contienda que no solo decidirá quién ocupará la Casa de Nariño durante los próximos cuatro años, sino también qué rumbo tomará la economía colombiana en medio de desafíos como el bajo crecimiento, el deterioro fiscal, la pérdida de confianza de inversionistas, la inseguridad y la necesidad de generar empleo.
La discusión económica se ha convertido en uno de los principales ejes de la campaña. Mientras De la Espriella propone una reducción drástica del tamaño del Estado, rebajas tributarias y una agenda enfocada en la inversión privada, Cepeda plantea profundizar varias de las transformaciones impulsadas por el actual gobierno, fortalecer la intervención estatal, acelerar la reforma agraria y avanzar hacia un modelo de mayor redistribución de la riqueza.
Las diferencias son profundas y reflejan dos visiones opuestas sobre cómo enfrentar los problemas estructurales del país.
Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda: dos caminos distintos para la economía
Desde la perspectiva de Iván Cepeda, la prioridad pasa por consolidar lo que denomina una “segunda etapa del cambio”. En la introducción de su programa de gobierno sostiene que las transformaciones impulsadas durante la administración de Gustavo Petro deben profundizarse mediante nuevas reformas sociales, fortalecimiento de la participación ciudadana y una ampliación de la acción estatal para combatir la desigualdad.
“El gobierno que lidera nuestro compañero Gustavo Petro ha defendido el programa del Pacto Histórico, que es también la base de mi propuesta política”, señala el documento programático.
Por su parte, Abelardo de la Espriella construye su propuesta sobre una crítica frontal al modelo actual. Su programa plantea que Colombia debe ser “salvada” de problemas como la corrupción, la inseguridad, el narcotráfico y lo que considera un exceso de intervención estatal. Entre sus principales propuestas figura una reducción significativa del tamaño del Estado, una reorganización institucional y una política económica orientada a fortalecer al sector privado.
Uno de los puntos de mayor contraste entre ambos candidatos es el papel que debe desempeñar el Estado en la economía. Según Oscar Leonardo Rincón, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Católica de Colombia, la propuesta de Cepeda implica una continuidad de la orientación económica actual.

“Iván Cepeda plantea continuar con el modelo que tiene el actual Gobierno de Gustavo Petro. Este sistema aumentaría el tamaño del Estado por el gasto que se tiene y por lo tanto puede haber un aumento de la deuda. Adicionalmente, considera un fortalecimiento de los impuestos”, explicó el académico.
En contraste, Rincón sostiene que la propuesta de De la Espriella apunta hacia una economía más abierta. “Abelardo De La Espriella explica que habría un mercado más abierto, apoyar al empresario, disminuir el tamaño del Estado en sentido del gasto y ser más competitivo en algunos sectores”.
Esa diferencia atraviesa prácticamente todas las propuestas económicas de ambos aspirantes.
La política tributaria constituye otro de los grandes puntos de divergencia. Cepeda propone fortalecer la progresividad del sistema tributario mediante mayores gravámenes a grandes patrimonios, ampliación de la base gravable y reducción de beneficios tributarios para grandes compañías. El objetivo, según el análisis económico de Uniagustiniana, es financiar programas sociales y ampliar la capacidad de inversión pública.
De la Espriella, por el contrario, plantea reducir la carga tributaria para las empresas y eliminar trámites que, según su campaña, limitan la inversión privada y la competitividad del país.
Para Jhon Torres, gerente de Planeación de Uniagustiniana, allí aparece una de las principales dudas sobre la viabilidad financiera de la propuesta del candidato de derecha.
“Propone rebajas tributarias para empresas y eliminación de trámites que, según su campaña, frenan la inversión privada. Aquí está la tensión central de su programa: un ajuste fiscal de $70 billones simultáneo con rebaja de impuestos a empresas”, explicó el experto.
Uno de los aspectos más sensibles para inversionistas, calificadoras de riesgo y mercados internacionales es la situación fiscal del país.
De la Espriella propone un ajuste fiscal cercano a $70 billones, reducir el tamaño del Estado hasta en una cuarta parte y alcanzar un superávit fiscal primario en el corto plazo. Su programa también contempla fortalecer la regla fiscal y ejercer un control más estricto sobre el gasto público.
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Sin embargo, los expertos advierten que alcanzar simultáneamente una reducción del gasto de esa magnitud y una disminución de impuestos podría resultar extremadamente complejo.
“La viabilidad del ajuste de $70 billones sin una reforma tributaria que compense la rebaja de impuestos corporativos genera muchas dudas. Si el recaudo cae y el gasto no se recorta en la magnitud prometida, el déficit podría empeorar antes de mejorar”, señaló Torres.
Del lado de Cepeda, el desafío fiscal también genera interrogantes. El candidato plantea ampliar programas sociales, acelerar la reforma agraria, fortalecer la economía campesina y aumentar la inversión territorial. No obstante, varios analistas consideran que estas medidas tendrían un costo significativo para las finanzas públicas.
“La paradoja de su propuesta fiscal es que combina más impuestos con austeridad en el gasto, una combinación que técnicamente podría reducir el déficit”, explicó Torres. Sin embargo, añadió que el recaudo esperado por mayores impuestos podría ser inferior al proyectado y que varias de sus iniciativas requieren recursos considerables.
Probablemente una de las diferencias más profundas entre ambos programas aparece en el desarrollo rural. Cepeda ubica la reforma agraria como uno de los pilares de su proyecto político y económico. Su propuesta busca profundizar la redistribución de tierras, fortalecer la economía campesina y convertir a Colombia en una potencia agroalimentaria.

El programa también contempla inversiones en infraestructura rural, formalización de la propiedad y fortalecimiento de los territorios históricamente excluidos.
Torres considera que esta es una de las iniciativas más estructurales del candidato. “Cepeda apuesta por convertir a Colombia en una potencia agroalimentaria mundial mediante la redistribución y formalización masiva de tierras, la construcción de 30.000 kilómetros de vías terciarias bajo el programa Vías para la Paz y el fortalecimiento de la gestión pública del agua”, explicó.
De la Espriella, en cambio, centra buena parte de su estrategia económica en atraer inversión privada, fortalecer la seguridad jurídica y recuperar el control territorial como condición para el crecimiento económico.
El análisis de los expertos muestra que ambos modelos enfrentan desafíos distintos. En el caso de De la Espriella, la principal inquietud radica en la viabilidad política y financiera de un ajuste estatal sin precedentes.
“Esa cifra del 7 % es el punto más cuestionado técnicamente de su programa ya que Colombia nunca ha sostenido ese ritmo de crecimiento durante un período de cuatro años”, señaló Torres sobre la meta de crecimiento económico planteada por el candidato.
Respecto a Cepeda, las preocupaciones se relacionan con el costo fiscal de varias de sus propuestas y con la percepción que podrían generar en inversionistas y calificadoras.
“La profundización del modelo Petro genera incertidumbre inmediata en los mercados internacionales. No porque sea intrínsecamente inviable, sino porque la continuidad de políticas fiscales expansivas, en un contexto de calificación BB- y regla fiscal rota, no da las señales de corrección que S&P está esperando”, concluyó Torres.
La segunda vuelta presidencial enfrentará dos proyectos económicos radicalmente distintos. De un lado, una apuesta por reducir el tamaño del Estado, bajar impuestos y fortalecer el protagonismo del sector privado. Del otro, una propuesta orientada a profundizar la intervención estatal, ampliar programas sociales y acelerar transformaciones estructurales como la reforma agraria.
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Más allá del resultado electoral, la decisión de los colombianos tendrá efectos directos sobre el manejo fiscal, la inversión, el empleo, la confianza empresarial y la velocidad con la que el país enfrente desafíos históricos como la desigualdad, la pobreza y el crecimiento económico.
Por eso, además de definir al próximo presidente, la segunda vuelta del 21 de junio también será una elección sobre el modelo económico que marcará el rumbo de Colombia durante los próximos años.




