El ajuste del salario mínimo del 23,7 % para el año 2026, por encima de la recomendación técnica y las proyecciones de los analistas, llevó al equipo de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá a revisar al alza las metas de inflación y a anticipar una respuesta agresiva por parte del Banco de la República.
De acuerdo con los analistas de la entidad, el rumbo de la inflación en 2026 estará fuertemente marcado por el impacto del salario mínimo en los costos de producción, lo que lo convierte en uno de los principales riesgos macroeconómicos del año.
El equipo ajustó su proyección de inflación al cierre de 2026 desde el 4,4 % que se preveía antes del anuncio hasta un 6,2 %; no obstante, advierte que el indicador podría escalar incluso hasta el 7 %.

Los servicios intensivos en mano de obra liderarían las presiones inflacionarias, impulsados por mayores costos laborales, con una inflación que sería de doble dígito en 2026. Así, este rubro (excluyendo arriendos) cerraría 2025 en 6,4 % y podría terminar 2026 en 11,1 %. Y el resultado podría ser mayor si los empresarios deciden trasladar una proporción más alta del aumento del mínimo al consumidor final.
De hecho, el aumento en los costos laborales llevó a que la inflación de los servicios intensivos en mano de obra (comida fuera del hogar, peluquerías, guarderías, recreación, cultura, servicio doméstico, administración de copropiedades, entre otros) tomara una tendencia alcista desde el segundo semestre de 2025, situación que se acentuaría aún más en 2026.
Sin embargo, se prevé que la disparidad entre el alza del mínimo y la inflación de 2025 (proyectada en 5,2 %) lleve a los arrendadores a buscar mecanismos para aumentar los cánones por encima del 5,5 % proyectado, a pesar de estar limitados legalmente por la inflación del año anterior.
También se esperan fuertes presiones en tarifas de transporte, parqueaderos, gastos de copropiedad y cuotas moderadoras de EPS, los cuales hacen pare del componente de regulados, que regulados pasaría del 6 % al 5,4 % entre el cierre de 2025 y 2026.
En contraste, la inflación de alimentos se ubicaría en 4,3 % (desde el 6,3 % de 2025) y la de bienes en 3,3 % (por encima del 2,8 % de 2025), es decir, permanecerían contenidas, por cuenta de la baja tasa de cambio y una afectación marginal por un posible fenómeno de El Niño en el segundo semestre.
Los sectores de educación y energía (electricidad, gas y combustibles) también ayudarían a contener parcialmente el impacto en los rubros regulados.

El regreso al ciclo alcista en las tasas de interés
En la proyección del Banco de Bogotá, ante el riesgo de que la inflación se desancle, el Banco de la República se vería obligado a iniciar una fase alcista en su tasa de intervención desde enero de 2026.
Los analistas de la entidad financiera proyectan incrementos ya no de 25 sino de 50 puntos básicos (pb) en las reuniones de enero, marzo y abril, seguidos de ajustes de 25 pb en junio y julio, lo que llevaría la tasa hacia el 11,25 % desde el 9,25 % actual.
El informe subraya que, dependiendo de la información económica del primer trimestre, la tasa podría incluso alcanzar o superar el 12 %.

El escenario económico para 2026 no solo depende de los precios, sino de un entorno de elevada incertidumbre política.
Los resultados de las elecciones locales serán decisivos, ya que darán señales claras sobre el futuro de la situación fiscal del país.
Además, factores como la definición de la reforma pensional, los decretos de emergencia económica y la repatriación de recursos de fondos de pensiones mantienen los sesgos al alza en materia de riesgo.
Otros indicadores clave
El Banco de Bogotá también reveló sus proyecciones para el precio del dólar en Colombia, con un promedio cercano a los $4.000 para todo 2026, bajo el supuesto de un resultado electoral favorable para los mercados y tasas de interés locales atractivas.
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