Entrevista | Ministro de Hacienda de De la Espriella se destapa: habla de deuda, impuestos, dólar, Ecopetrol, BanRep y más

El futuro titual de la cartera, Miguel Gómez Martínez, también habla de sus influencias y escuela económica.

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El ministro de Hacienda designado, Miguel Gómez Martínez, habló con Valora Analitik acerca de los principales retos que enfrentará en el gobierno del presidente electo, Abelardo de la Espriella.

Esta es la conversación completa con el futuro titular de la cartera:

Usted dijo estar de acuerdo con que la DIAN solo cobre tres de los 15 impuestos que actualmente recauda: ¿eso es viable?

El problema del déficit fiscal obviamente tiene que ver con el exceso de gasto, pero también tiene que ver con la poca dinámica que tenemos en el ingreso. Y eso, cuando usted lo mira estructuralmente, la DIAN es muy ineficiente porque tiene 15 impuestos que administrar. Algunos de ellos tienen un recaudo minúsculo; o sea, entre renta, IVA externo e IVA interno es casi el 87 % del total del recaudo.

El otro 14 % se distribuye entre una cantidad de pequeños impuestos que desgastan muchísimo a la administración tributaria y que impiden que esta se focalice en el tema de fiscalización, que es la lucha contra la evasión.

De paso, tener muchos impuestos implica muchos trámites para las empresas; tienen que tener gente dedicada exclusivamente a mirar esos temas y eso las hace ineficientes, y hace que toda la estructura tributaria sea un freno muy grande al crecimiento empresarial.

Entonces, sí, la idea de racionalización está en la agenda y sí quisiéramos que esta reforma pudiese ser una reforma de tipo sistémico. Las reformas de nuestro país, que son cada 18 meses, son para tapar el «huequito» que hay y seguimos con la misma estructura obsoleta. A ver si hacemos el esfuerzo de simplificar los impuestos para mejorar la lucha contra la evasión.

El presidente electo le envió un mensaje por X diciendo que debía comenzar a reunirse con inversionistas. ¿Eso se planea después del 7 de agosto?

No, vamos a hacer una primera visita pronto. Estamos pendientes de que se definan la instalación de las mesas del empalme. Ayer (el pasado jueves) hubo la última reunión preparatoria. Ahora el Gobierno tiene que decirnos cuáles son las fechas para hacer la primera reunión de empalme.

Y, pues, hay un equipo en Hacienda muy grande que está trabajando en ese tema de empalme. Nosotros estamos muy listos para arrancar. Pero claro, tengo que estar presente en esas primeras sesiones. Entonces, yo creo que eso será antes del 7 de agosto; vamos a hacer un primer contacto.

Empalme de gobiernos Petro y De la Espriella
Foto: Prensa Vicepresidente Electo

Tenemos que restablecer las relaciones con los entes multilaterales, que son importantísimos, no solo en términos de financiación, sino que ellos son unos validadores muy importantes para el resto de los operadores financieros internacionales. Entonces, ellos tienen que tener claridad para dónde vamos, qué es lo que queremos hacer.

Y eso le sirve mucho al mercado de capitales para definir su posición frente al futuro de Colombia.

¿Eso incluye a calificadores de riesgo, bonistas, etc.?

Sí, vamos a tratar de hacer una visita muy intensa y tratar de cubrir todas las ramas que están involucradas en el tema del financiamiento externo de Colombia; sí, todos.

Usted mencionó hace unos días y el presidente también, un reperfilamiento. ¿Eso tiene un tiempo efectivo, cómo lo ve usted?

Quiero ser súper claro: renegociación no, será reperfilamiento. Queremos reperfilar la deuda.

¿Qué es lo que está pasando? Todo el mundo lo ha visto en las noticias. En los últimos tiempos, ante la situación de liquidez, el gobierno ha salido a contratar deuda de corto plazo a tasas altísimas, y lo primero que tenemos que hacer es tratar de tener un perfil de vencimientos que sea adecuado para las finanzas públicas.

Pero eso no es una renegociación, es simplemente una sustitución, papeles de deuda por otros que tengan, ojalá, unos plazos un poco más amplios y esperamos que con unas tasas más bajas. Todo esto es para mejorar la Tesorería de la Nación, que está muy apretada.

Las tasas han bajado desde las elecciones, ¿creen que eso se puede mantener?

Claro, hay un contexto mucho más favorable; uno sí ve que en las últimas semanas las tasas han bajado, han tenido una reacción positiva. Ojalá continúe eso; eso quiere decir que desde afuera ven nuestra situación de manera mucho más coherente.

Yo sí creo que no hemos tomado ninguna decisión, pero encuentran que, por lo menos, los anuncios van en la dirección que el mercado espera. Y como usted sabe, los mercados no son sino sistemas complejos de información.

En el frente fiscal, ¿están evaluando cambios de fuentes de financiamiento? Le pregunto porque el gobierno saliente viene de una alta emisión de deuda interna de corto y largo plazo…

Más que el tipo de fuentes, lo importante es la diversidad de las mismas. Están todas las opciones disponibles. Haber sustituido deuda externa por deuda interna tiene unas ventajas y obviamente unos inconvenientes.

Una ventaja es que usted disminuye el riesgo cambiario, pero simultáneamente presiona el mercado local con las tasas al alza y eso es malo, y aquí tenemos un crowding out importante que es inducido en parte también por las operaciones de financiación del gobierno.

operaciones de deuda
Imagen generada por la IA Gemini con fines ilustrativos.

Todos sabemos que cuando hay este fenómeno de competencia de recursos, el Estado siempre es ganador y las empresas siempre son perdedoras. Eso también explica un poco el comportamiento de la tasa de interés, que no solo es el resultado de las decisiones del Banco de la República para frenar la inflación, sino también de un evidente fenómeno de recalentamiento de la economía por un exceso de gasto.

Hay un exceso de gasto que se muestra en eso y esos son los síntomas evidentes del recalentamiento: no solo la inflación, sino el hecho de que las tasas de interés suben.

En esta tarea, ¿quién será su equipo en Crédito Público si tiene algún nombre o algún perfil pensado?

Claro que tenemos perfiles y tenemos gente; estamos conformando ese equipo. La situación de Colombia en estos temas de deuda y en los temas fiscales necesita gente con experiencia. Aquí no tenemos tiempo para curvas de aprendizaje.

Aquí lo que necesitamos es gente que se haya probado en situaciones de crisis y vamos a conformar un equipo muy sólido de gente; muchos nombres van a ser conocidos, porque tenemos que utilizar gente —como dirían en un lenguaje un poco más del sector agropecuario— «baquianos», gente que conozca de qué estamos hablando, porque el tiempo que tenemos para corregir algunos de los desequilibrios es bien corto.

¿Y con experiencia se refiere a experiencia en el servicio público puntualmente o privado?

Gente con experiencia, sí. Porque los temas fiscales, por ejemplo, son temas muy específicos; eso no se aprende de la noche a la mañana y en el manejo de deuda muchísimo menos.

En el tema de la Regla Fiscal, usted ha dicho que se debe volver a la senda, pero también reforzarla, ¿eso iría hacia una reforma a la ley de la Regla Fiscal?

Me parece que la regla era una norma buena que partía de la base de que Colombia era un país que, a pesar de sus dificultades, manejaba sus finanzas públicas de manera ordenada. Entonces la regla funcionaba muy bien, porque lo que genera es una visión de más largo plazo y les dice a los agentes económicos hacia dónde quiere ir el gobierno en términos de déficit fiscal y deuda.

El consenso sobre el manejo de las finanzas públicas se rompió con este gobierno. Aquí cambiaban los gobiernos y la política fiscal sí tenía modificaciones y prioridades distintas, pero no cambiaba estructuralmente. No salíamos a cuatro años de estímulo a través del gasto; eso no se hacía en Colombia. Entonces, la regla quedó inservible, el gobierno la arrimó y la archivó, y siguió gastando.

Entonces, finalmente, la regla sí necesita tener dientes, porque de lo contrario se vuelve un instrumento puramente indicativo, a la merced de los caprichos del gobierno. Así no sirve.

Entonces, lo que sí queremos es volver. ¿Cuánto vamos a demorarnos en volver a los rangos? Todavía es temprano para decirlo, pero ese sí es el objetivo; poder decir: «Volvimos a entrar en la senda y, a partir de ahora, hay que seguir manteniéndonos en esa visión de mediano plazo». Pero yo no me puedo comprometer; no sería serio decirle cuánto tiempo, porque todo dependerá de cómo reacciona el crecimiento de la economía.

Yo le dejaría dos mensajes: uno, el ajuste es indispensable y tiene que ser importante; y dos, necesitamos estimular el crecimiento. Con crecimiento, todos los problemas económicos son más fáciles de resolver; sin crecimiento, todo es más difícil. La gente tiene que volver a confiar para que vuelva a invertir, y si hay expansión de la economía, los problemas fiscales serán mucho más fáciles de manejar.

Los mercados también respondieron bien con el tema del dólar tras las elecciones, pero eso está afectando a algunos industriales y exportadores. ¿Usted es partidario de alguna intervención o de que fluctúe?

No, yo soy enemigo de las intervenciones en la tasa de cambio. Eso ha demostrado una y otra vez que es inútil y terriblemente costoso.

Leonardo Villar del Banco de la República
Leonardo Villar, gerente del Banco de la República, en la presentación del informe del banco central ante el Congreso de Colombia.
Foto:BanRep.

Yo sí creo que el precio del dólar es un precio que debe moverse libremente. Sí es cierto que los sectores exportadores están obviamente preocupados porque la caída ha sido muy fuerte y sobre todo muy rápida, pero la intervención siempre sale mal. No creo tampoco que en el Banco de la República haya gente pensando en que esa pueda ser una solución.

A propósito, voy a hablar con el gerente (Leonardo Villar) la próxima semana.

Como accionista mayoritario de la Nación, ¿a usted le suena la posibilidad de vender el 8 % que aún tiene permitido la Nación en Ecopetrol para obtener nuevos recursos?

Antes de entrar en esa idea de ampliación de capital privado, debemos recuperar a Ecopetrol. Ecopetrol es la primera empresa del país y ha perdido toda su capacidad de generar valor; pasó de producir ingresos de $160 billones hace cuatro años a $120 billones el año pasado, y utilidades de $33 billones a $9 billones. Es una empresa que ha destruido valor.

El desorden, el caos y los escándalos en Ecopetrol han tenido como consecuencia un empobrecimiento energético de Colombia. Nuestras reservas petroleras están estancadas y las de gas están en caída, precisamente cuando estamos enfrentando el problema del fenómeno de El Niño.

Estamos cada día importando más gas y hemos perdido la independencia energética, que es una de las bendiciones a las que todo país aspira para no depender sino de sí mismo para proveer su energía.

La mal concebida política de transición energética —porque la transición es inevitable, pero se puede hacer bien o mal— lo que ha hecho es aumentar la dependencia energética de Colombia. Hay que volver a producir todo lo que se pueda y autorizar el fracking ambiental responsable. Necesitamos producir más; eso nos va a ayudar en términos fiscales y a tener más oferta.

¿Y el tema de la privatización se podría pensar, o inicialmente no?

Todo depende de cuáles sean las necesidades de inversión que tenga Ecopetrol hacia el futuro y cuáles sean las expectativas. Hacerlo en este momento no sería bueno, porque la empresa ha perdido valor y el precio de la acción hoy en día es mucho más barato.

Este no es un buen momento para hablar de eso hasta que no le demos la vuelta a la compañía, la pongamos como una empresa líder y atractiva; para que entonces, si uno decide que es conveniente vender una porción adicional, se venda a un precio que sea bueno para el país.

Para cerrar el capítulo de Ecopetrol, ¿el nombre de Joaquín Gutiérrez le suena, o eso no lo han hablado?

No, yo no tengo ninguna noticia de eso. Es un tema que naturalmente está vinculado al Ministerio de Hacienda, pero no sé, ni el presidente me ha dicho nada de ese tema.

¿Hacia dónde van en materia de impuestos?

Lo que sabemos es que lo que tenemos hoy en día no solo no nos sirve, sino que nos está haciendo daño. Sí necesitamos una reforma donde tengamos un mejor balance entre la tributación a las empresas y la tributación a las personas. El eje del tema tributario es la idea de que hay recursos que el Estado no está recogiendo y que está perdiendo por evasión y elusión.

Si hacemos un sistema simple que sea fácil de controlar, que no tenga toda esta maraña de normas, de «escondites» y de zonas grises, la administración tributaria funcionará mejor.

DIAN. Imagen: Valora Analitik
DIAN. Imagen: Valora Analitik

La cartera de la DIAN, por ejemplo, es inmensa, pero no se puede recuperar porque los procedimientos administrativos de cobro son lentísimos: pueden durar 10 o 12 años, y cuando la DIAN finalmente puede ir a recuperar la plata, la compañía ha desaparecido, se ha vuelto insolvente o ya no existe. Ahí hay un sistema hecho para que no funcione.

Por ejemplo, la DIAN necesitaría utilizar inteligencia artificial para fiscalizar, que encienda los bombillos cuando algo no cuadra. Pero haciéndolo con un sistema tecnológico atrasado, es poco factible. Tenemos que ser simples.

En la medida en que podamos bajar la tributación a las empresas, lo vamos a hacer, porque hoy en día Colombia no compite. Mire, es un tema del que poca gente habla: tenemos déficits gemelos; un déficit fiscal muy alto y un déficit comercial muy alto. ¿Y eso qué implica? Una doble presión de financiación.

Pero, adicionalmente, lo que significa el déficit comercial es que no competimos; no somos competitivos y por eso no vendemos al exterior. ¿Y por qué no vendemos? Entre otras razones, porque tenemos un sistema tributario diabólico. Así es muy difícil; en un mundo de competencia, usted con una estructura tributaria como la que tiene Colombia, arranca perdiendo.

¿Está de acuerdo con ampliar la base gravable de personas que declaran y pagan renta?

Bueno, hay que partir de la base. ¿Por qué la base tributaria es tan baja? Primero, porque el sistema está hecho así. Pero es que usted debe partir de que el 55 % de la población colombiana trabaja en la informalidad y, por lo tanto, no forma parte de la base; ni siquiera están ahí. ¿Es culpa de ellos? No, es culpa de un Estado que ha forzado a la gente a permanecer en la marginalidad.

Entonces, ¿cómo queremos aumentar el recaudo si la mitad de la gente que produce no contribuye? No porque no quieran, sino porque están por fuera del juego. Eso tiene que mejorar.

Los programas de lucha contra la informalidad han consistido fundamentalmente en decirle a la gente: «Usted tiene que entrar a las reglas de la formalidad», y la gente dice: «Yo no puedo pagar lo que implica ser formal». Y la otra mitad dice: «Yo por qué voy a hacer esa tontería, si estando afuera me va mejor».

Lo que tenemos que hacer es lo contrario: el Estado es el que tiene que acercarse a los informales. Porque si a uno le dicen que escoja entre ser informal o formal, obviamente la respuesta es informal. ¿Para qué me voy a meter en ese lío de estar declarando, ser perseguido y lleno de compromisos y burocracia inútil?

Hay un estudio muy interesante que muestra que, en las medianas, pequeñas y microempresas que están en la formalidad, la gente gasta el 20 % de su tiempo y de sus recursos en cumplir con las obligaciones legales. Para una persona que tiene un negocio chiquito, perder el 20 % de su tiempo es una barbaridad.

MinHacienda gobierno de la espriella
Miguel Gómez Martínez, ministro de Hacienda designado por el presidente De la Espriella.
Fotos: Cortesía y Gemini

Por ejemplo, hablemos de las retenciones: deberían liquidarse diariamente, porque lo que les pasa a muchos empresarios es que la retención no se declara de forma diaria, empiezan a utilizar esa plata para su flujo de caja y cuando llega el momento de pagar, pues no la tienen. Entonces salen al «gota a gota» o al Estado, que cobra unos intereses de mora altísimos. Entonces pagan, pero ya quedaron con el «roto».

Y ahora resulta que nos hemos inventado algo que es único en Colombia, que es el anticipo. Pagar los impuestos del año próximo… Usted se pone a pensar en la lógica y es una locura. ¿Yo cómo sé cuánto voy a pagar de impuestos si no he vendido lo del año próximo? No me importa, págueme esa venta. Entonces la gente anticipa la plata porque le toca, no porque quiera, y queda sin flujo de caja hoy. Y, adicionalmente, cuando llega el momento de tributar en el 2027, por ejemplo, sucede que el Estado recibe menos porque como ya le cobró por anticipado, no se cumple la meta de recaudo.

Todo es una locura, un desorden absurdo. Hay que meterle mano a eso; vamos a ver si tenemos la capacidad y, sobre todo, la voluntad del Congreso para hacer una verdadera reforma sistémica.

En el tema del Grupo Bicentenario, ¿usted se imagina directivos ahí muy similares a lo que habló antes de Crédito Público?

Sí, claro. Yo fui presidente de un banco y hay dos tipos de banqueros: banqueros ortodoxos y banqueros quebrados. Usted en la banca no puede ser sino ortodoxo. Si usted es creativo, se quiebra, porque además usted está manejando el ahorro público y, en este caso, quienes están manejando ese ahorro son funcionarios del Estado. Tiene que ser gente de muy buen nivel y mucha transparencia.

¿Qué tema le apasiona en este cargo?

Venga le cuento: yo me defino como un economista de fundamentales. Creo en ellos y, si los fundamentales de la economía son sanos, la economía hace el resto. Soy en eso un poco básico.

Sí tengo que aceptar que ver cómo el resultado de la elección presidencial afecta la tasa de interés le produce a uno una sensación muy fuerte. ¿Simplemente un resultado electoral cambia la tendencia? Eso es algo que para un economista de fundamentales resulta siempre desconcertante, pero al mismo tiempo apasionante, porque uno se da cuenta de que hay otros elementos que entran en juego. Para un tipo que en teoría es escéptico frente al valor de los sentimientos y de la confianza, ver que eso sí funciona en la realidad, es interesante.

¿Cuál es su escuela?

Yo creo que soy muy clásico. Todavía sigo creyendo que cuando uno ha leído a Smith, a Ricardo, a Malthus, a Say, a Keynes y a Friedman, tiene cubierto un brazo muy grande del conocimiento económico. Todo lo demás es importante, pero ahí está lo básico. Lo clásico sigue siendo siempre válido. Usted lee a Adam Smith hoy y sigue siendo válido casi todo lo que el tipo dice.

¿Y la heterodoxia?

Hay ideas interesantes, pero otra vez: lo fundamental es lo fundamental.

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