En la reciente presentación del Informe de Política Monetaria, Hernando Vargas, gerente técnico del Banco de la República, lanzó una advertencia sobre las implicaciones de detener el ciclo de endurecimiento monetario.
Según el funcionario, la pausa en el aumento de las tasas de interés tendrá un costo directo para la inflación y este precio a pagar no sería fijo, sino que dependería estrechamente de qué tanto se prolongue dicha decisión.
Vargas explicó que la Junta Directiva optó por hacer un alto en el camino en la sesión del 30 de abril a sabiendas de que esto implica enfrentar un costo mayor en el proceso de convergencia de los precios hacia la meta del 3 %.

El riesgo principal radica en la postergación: entre más se dilate el reinicio de las medidas o se mantenga la pausa, mayor será el costo de la desinflación posterior, según dijo.
Esto obligaría al Emisor a tomar medidas más drásticas en el futuro, ya sea mediante un ajuste mucho más fuerte de la tasa de interés o mediante un periodo más prolongado de tasas altas para corregir los excesos de demanda y asegurar que la inflación retorne al 3 %.
La incertidumbre de la tasa neutral
Uno de los puntos centrales de la intervención de Vargas fue la tasa de interés real neutral, definida como aquel nivel que no estimula ni desestimula el crecimiento de la demanda agregada.
El gerente técnico subrayó que esta variable enfrenta una gran incertidumbre, ya que no es observable y debe ser estimada mediante diversas metodologías. Para este año, el equipo técnico la sitúa en un 3,1 %, aunque con una clara tendencia creciente.

Vargas detalló que el comportamiento reciente de la economía ha enviado señales complejas sobre este indicador. Por un lado, el hecho de que la inflación se haya estancado desde mediados de 2025 —pese a tener tasas de interés reales altas— sugiere que la tasa neutral podría ser más elevada de lo contemplado inicialmente, lo que implicaría que la política actual es menos restrictiva de lo que se pensaba.
No obstante, aclaró que este estancamiento también puede deberse a un exceso de demanda más fuerte de lo previsto o a efectos rezagados de los aumentos del salario mínimo.
Factores externos, como el boom de la inteligencia artificial que presiona las tasas en Estados Unidos, y factores internos, como la incertidumbre fiscal y la prima de riesgo soberano de Colombia, mantienen los riesgos sobre esta tasa sesgados al alza.
Un camino lento hacia la meta
El informe también actualizó las proyecciones para los indicadores clave del país, mostrando un panorama de crecimiento moderado y una inflación que tardará en ceder.
El equipo técnico proyecta que la inflación total cerrará 2026 en un 6,4 %, una cifra superior a lo esperado anteriormente. Para 2027, se espera que descienda al 3,7 %, acercándose finalmente a la meta del 3 % solo hacia el año 2028.
En cuanto al crecimiento económico, se estima una expansión del PIB del 2,4 % para 2026. Para 2027, el pronóstico se sitúa en un 2,1 %, una desaceleración necesaria para eliminar los excesos de demanda y facilitar la convergencia de los precios.

Finalmente, el gerente técnico advirtió que estos pronósticos están sujetos a riesgos que se inclinan mayoritariamente hacia el alza en los precios.
Entre los factores que podrían desviar los indicadores se encuentran una mayor inercia inflacionaria, choques de oferta derivados de la guerra en Medio Oriente, la materialización de un Fenómeno del Niño fuerte hacia finales de 2026, efectos del salario mínimo mayores a los previstos y el riesgo de que la política fiscal no logre contener el déficit de las cuentas públicas.
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